Da igual cuando leas esto: de acoso y culpabilización de la víctima

Pongámonos en antecedentes: una mujer denuncia públicamente haber sido víctima de una agresión sexual en el festival Leyendas del Rock en su página oficial de Facebook con, como ella dice, el único fin de que «los organizadores del Leyendas mejoren su calidad de seguridad dentro del recinto«, y prosigue «y para que los propios asistentes se conciencien«. Las respuestas no se hacen esperar, y aparece la habitual falta de autocrítica, el debate de si es verdad o mentira, la exigencia de pruebas, la negación, porque esas cosas «no pasan en ese festival» pero, sobretodo, las burlas hacia la mujer, la humillación… La habitual culpabilización (y linchamiento) de la víctima.

 

 

 

Desde Queens of Steel repudiamos cualquier tipo de agresión, pero no queremos centrar todo en este caso concreto, en el debate «es verdad/es mentira» que se extendió en las redes sociales y que parece ser lo único que le importa al grueso de la gente. Porque esta denuncia pública hace visible un problemática real frente a la cual no podemos mirar hacia otro lado. En primer lugar, esta no es la primera agresión sexual que se sucede en un concierto o festival de Metal. Ni será la última. El machismo es un problema social y ninguna comunidad está exenta de ella. El Metal no es esa magna institución intocable que muchos creen por encima de todo, incluso de las agresiones. Este caso es solo un ejemplo. Un ejemplo de que las situaciones de acoso hacia la mujer suceden en todas partes, en todos los ambientes y en todos los lugares. A algunos les preocupa que se cuestione la integridad de la «hermandad» del Metal, formada por seres de una superioridad moral ajenos a todo este tipo de comportamientos inadecuados, imposibilitándoles realizar un ejercicio de autocrítica y de reconocimiento de la verdad, posicionándose así del lado de los agresores. Porque sí, el Metal canta a la libertad, a la rebeldía, al sexo, a la liberación… Pero solo si eres hombre. Y heterosexual.

 

También es un ejemplo de cómo se pone en duda a la víctima de manera sistemática. La necesidad de exigir pruebas. Testigos. De esta manera solo se silencia a las víctimas. Se las anima a callar y así se extiende esta creencia utópica, irreal de que «en el Metal no pasan estas cosas». Porque lo que vemos en Internet es solo un pequeño reflejo del conjunto de nuestra sociedad, y el cuestionamiento a las víctimas forma parte de la estructura sobre cómo concebimos la violencia sexual. Y eso es algo que se reproduce en todos los ámbitos.
El cuestionamiento busca restar credibilidad, y cuando se hace en los medios o en las redes también tiene el objetivo de silenciar a otras mujeres que se vean en la misma situación y que tengan miedo porque están viendo lo que pueden hacer con ellas. Porque eso es lo que quieren: mujeres calladas. Así, la revictimización tiene el objetivo de silenciar a otras víctimas y de perpetuar mitos sobre la violencia sexual y tópicos sobre las mujeres. Mientras algunas personas no quieren entender el concepto de acoso o abuso, nosotras cada vez lo tenemos más claro, tenemos menos miedo de callar, entendemos la importancia de hablar, la responsabilidad de señalar, y por ello recibimos una respuesta patriarcal. Las consecuencias pesan (doblemente) únicamente sobre la víctima y no sobre el agresor.
Como digo, es una cuestión de responsabilidad. Los festivales deben responsabilizarse y crear espacios seguros, más allá de los puntos violetas (el festival Leyendas del Rock, por ejemplo, cuenta con uno, iniciativa de la Vicepresidencia y Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas), especialmente en entornos sumamente masculinizados como es el mundo del Rock y del Metal. El público también nos tenemos que responsabilizar, tenemos que tomar posición y señalar comportamientos inadecuados, ofrecer apoyo a las víctimas y jamás intentar buscar justificación a ningún tipo de agresión o pensar en medidas preventivas, porque no las hay. La única medida preventiva es la educación del agresor.

 

Si reducimos este único ejemplo al «mundillo» del Metal sacamos varias tristes conclusiones además de que en todos los ámbitos se culpabiliza a la víctima automáticamente y que en todos los ámbitos hay agresiones. Y es que no podemos disfrutar de conciertos de grupos que nos gustan solo porque somos mujeres. Que primero nos agreden y luego nos culpan por denunciarlo solo porque somos mujeres. Que nuestra seguridad no importa. Que lo más importante son las apariencias, salvaguardar la integridad de la sacrosanta hermandad del Metal negando cualquier acto imperdonable porque nuestro «mundillo» es intocable, en vez de unirnos y sacar a agresores de nuestros espacios.

 

Por último, recalcar que esta actitud de proteger la integridad del mundo intocable del Rock se extiende incluso a los organizadores de festivales, porque ni tan solo el propio festival Leyendas del Rock ha mencionado en estos meses nada al respecto. Al menos esperamos que el silencio sea porque están pensando en protocolos y medidas de seguridad para prevenir o saber cómo actuar de manera eficaz ante cualquier tipo de agresión en las próximas ediciones del festival. Y que estas medidas, protocolos y, en definitiva, la concienzación, se conviertan en ejercicios, no solo necesarios, sino exigidos en cualquier tipo de evento.

 

 

Tania Giménez
tania@queensofsteel.com

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