Lizzie Borden

Seguramente, la mayor parte de vosotros asocie el nombre de Lizzy Borden al Heavy Metal, pero en Estados Unidos, desde el día 4 de agosto del año 1892, se asocia a uno de los episodios más oscuros dentro de su historia (o su criminología), y más concretamente de la población de Nueva Inglaterra, Fall River.
Un día en el que la hija menor de la familia Borden, Lizzie, fue acusada de doble asesinato.

Fall River era una pequeña y sofisticada ciudad situada en el este de Estados Unidos, más concretamente en el estado de Massachussets. Una localidad en la que todo dependía de la clase social y del poder adquisitivo.
En una mansión dentro de Fall River habitaba la familia Borden que, gracias a los ingresos de Andrew Jackson Borden, podía presumir de una vida cómoda y holgada.
En ella vivía el ya mencionado sr. Andrew Borden; un rácano hombre de negocios de apariencia seria y casado en dos ocasiones. La primera con Sarah Anthony Morse, quién falleció en 1863 y con quién tuvo dos hijas: Lizzie (con la que mantenía una tensa relación) y la mayor, Emma. Ambas eran sus únicas hijas y a ambas estaba destinada la futura herencia que dejaría su padre al morir.
Lizzie era una mujer de poco más de treinta años, nacida en 1860, y que vivía en una eterna soltería impuesta por su padre, ya que no consideraba lo suficientemente buenos para su hija a los pretendientes que ésta había tenido hasta entonces. Aunque su hermana mayor, Emma, tampoco llegó a casarse jamás.
Era una mujer amargada que no esperaba ya nada de la vida y que si, su rerlación con su padre no era precisamente buena, la que mantenía con su madrastra, Abby, no era menos. De hecho, las dos hermanas detsetaban a la segunda mujer de su padre.
Abby, que compartía residencia con el anciano Andrew y Lizzie, siempre había residido en Fall River y había sido una mujer soltera hasta llegar a los 36 años, cuándo contrajo matrimonio con el sr. Borden tan solo dos años después de que falleciera Sarah. Hasta entonces, la sra. Borden se había dedicado por completo a su hermanastra Sara; convirtiéndose prácticamente en una madre para ella. De hecho, ya casada con Andrew (y a pesar de la tacañería de éste), todavía se preocupaba por mantener a su hermana en una acomodada posición económica.
La última residente de la mansión de los Borden era Bridgette Sullivan: su criada. Una sencilla campesina de 36 años de origen irlandés y que se ocupaba de las tareas del hogar de la familia Borden desde hacía más de 2 años.

Muchos años habían pasado, cerca de 28, después de la muerte de la primera mujer de Andrew, pero desde entonces, las cosas en aquella casa situada en el número 92 de Second Street en Fall River, la vida se había vuelto desagradable entre todos los miembros de la familia Borden.
Prueba de ello es que la casa se había dividido en varias partes. De hecho, el primer piso estaba dividido en dos, cada parte con unas escaleras de acceso distintas. La parte delantera era para las hermanas Borden, mientras que en la trasera habitaba el matrimonio, incluso en muchas ocasiones la familia no se reunía ni para comer.
Uno de los principales conflictos entre las hijas y Andrew era que se le conocía como un hombre, además de tacaño, demasiado tradicional, quién repudiaba por completo las comodidades modernas. De hecho, la familia continuaba lanzando sus excrementos al patio trasero y las dos hermanas tan solo se encontraban con el mundo exterior o la vida moderna cuándo visitaban a algún amigo. Andrew no parecía preocuparse en absoluto por Emma y Lizzie, ni tan solo por su futuro.

Por un cúmulo de cosas, días antes de los asesinatos tuvo lugar una dicusión en la casa a la que Lizzie y Emma respondieron con un prolongado viaje, aunque Lizzie volvió antes de lo previsto.
Por aquel entonces parecía que alguien ya quería terminar con la vida de algunos miembros de la familia, ya que el farmacéutico de la ciudad, Eli Bence, se había negado a vender ácido prúsico (hidrógeno y cianuro) a Lizzie para que, supuestamente, limpiase un abrigo. También, el día anterior a los asesinatos, Abby visitó al médico de la familia para decirle que tanto ella cómo su marido habían pasado la noche del 2 de agosto con vómitos, diarrea y mareos, pero desconocía si Lizzie prensetaba los mismos síntomas, aunque estaba segura de que Bridget también se había sentido mal el mismo día que ellos. Abby estaba segura de que alguien quería envenenarlos.
El Dr. Bowen acudió a casa de los Borden para examinar a Andrew quién, sorprendentemente, se lo encontró tan fresco que incluso se negó a pagarle. Un hecho que, sin duda, se utilizó en el juicio cómo una prueba contra Lizzie.

La mañana del 4 de agosto del 1892, Andrew Borden había ido al centro del pueblo a hacer unos recados al banco y a la oficina de correos. Regresó a su residencia cerca de las 10:45.
Alrededor de 30 minutos más tarde, Lizzie gritó el nombre de Bridget (quién se encontraba en su cuarto descansando) puesto que ambas eran las únicas que se encontraban en aquellos momentos en la casa: Emma estaba entonces de visita en casa de unos amigos y su tío materno, John Vinnicum, estaba pasando unos días en su casa para establecer una herencia de su difunta heramana, la primera esposa de Andrew, Sarah, pero en aquel momento no se encontraba allí.
Lizzie gritó el nombre de Bridget y le dijo unas palabras que, tras el macabro hallazgo, se harían famosas: “Bridget, ven, alguien ha matado a papá”. Ambas se dirijeron a un salón para toparse con una terrorífica imagen: la del cuerpo del sr. Borden estirado en el sofá con diversos golpes, un ajo partido, la nariz encarnecida y gran parte del cuarto cubierto de sangre. Su cráneo estaba gravemente mutilado, aparentemente había sido golpeado con un objeto punzante, posiblemente un hacha.

Lizzie y Bridget se encontraban en un supuesto estado de histeria pero, a pesar de ello, Lizzie pudo mantener la mente fría y mandar a Bridget a buscar a un médico mientras ella permanecía en casa.
Bridget no lo dudó y acudió a casa del Dr. Bowen, el médico de la familia. Pero en lugar de al doctor encontró a su mujer, puesto que él estaba realizando otras visitas, de modo que la criada dejó el recado de lo ocurrido a la Sra. Bowen y volvió rauda a casa.
La noticia empezó a correr cómo la pólvora entre la pequeña población y, al poco rato, empezaron a llegar amigos y vecinos enterados de lo ocurrido para tranquilizar a Lizzie.
Fue entonces cuándo la criada y una vecina, Alice Churchill, descubrieron en el primer piso, en la habitación de invitados, el cuerpo de Abby Borden en el suelo, que parecía haber sido también asesinada y del mismo modo que Andrew.
A los pocos minutos, el Dr. Bowen, acompañado de la policía, ya se personaban en la residencia Borden.
Todos se encontraban con aquel macabro escenario de nuevo. La sangre continuaba emnanado de las heridas que habitaban en el cuerpo del padre de familia y su cabeza se presentaba destrozada. La sangre todavía formaba charcos y manchaba parte del mobiliario de la sala.
De lo contrario, la sangre que había en el cuerpo de Abby ya estaba seca, lo que indicaba que había sido, al menos, asesinada una hora antes que el acomodado hombre de negocios.
Abby había sid
o golpeada 18 veces mientras que Andrew 11.

Lizzie Borden fue detenida el 11 de agosto cómo principal sospechosa de los crímenes, aunque el juicio sobre el parricidio comenzó diez meses después.
Su testimonio era incoherente e inverosímil y no dejaba de contradecirse. De lo contrario, la declaración de la criada, Bridget, se mantenía firme en todo momento, quién reconoció con toda tranquilidad encontrarse en su cuarto del piso superior cuándo ocurrieron los hechos.
En cuánto se empezaron a practicar las pruebas del asesinatos, todas las sospechas recaían sobre Lizzie, quién dijo que durante los crímenes había estado en el establo de la casa buscando un trozo de hierro para hacer unos anzuelos con los que pensaba ir a pescar con Emma. Cuándl la policía echó un vistazo a dicho establo, estaba lleno de polvo y sin pisadas recientes además, Lizzie había afirmado que había estado allí durante media hora, cuándo en realidad el establo lo habitaba un calor insoportable que la hija menor tan solo habría podido soportarlo durante unos pocos minutos. Aunque ésta no fue la única irregularidad que ocurrió, tan solo es una dentro de la larga lista de ejemplos.
La policía preguntó a Lizzie si había hachas en la casa y, sin alterarse, ésta respondió que las había por todas partes. Ante la afirmación, los agentes le pidieron que fuera más concreta y ella los acompañó al sótano. Una de las 4 que había, llamó su atención puesto que, a pesar de no estar manchada, tenía el mango roto y era más pequeña que el resto. Esta hacha se utilizó cómo evidencia del crimen, a pesar de que el forense declaró posteriormente que no hubo tiempo para limpiar el hacha después de los asesinatos. Tampoco se encontró jamás ropa manchada de sangre aunque, pocos días después de lo ocurrido, una vecina observó cómo Lizzie quemaba en el fogón de la cocina un vestido que, según ella misma, se había manchado de pintura y había quedado inservible.
Lizzie dio versiones distintas sobre qué hizo la mañana del 3 de agosto pero, lo que es seguro, es que, según las afirmaciones de Alice Russel,, una amiga de la acusada; Lizzie parecía preocupada el día antes de los hechos porque creía que una amenaza se cernía sobre su padre, pero no pudo concretar más.
En el juicio Lizzie tambén afirmó que no era posible que los asesinos hubieran sido el tío John o Bridget, ya que ambos tenían una buena coartada. Tampoco había sido José Correira, quién fue el culpable tras un asesinatos que hubo en aquella época en la misma zona, puesto que el 4 de agosto se encontraba fuera del país.
Este asesinato tuvo lugar durante el juicio y presentó unas características parecidas al del matrimonio Borden. Y es que el muerto había sido asesinado con un hacha. La prensa se hizo eco de esta noticia, especialmente un periódico llamado “Boston Glove”, que publicó un artículo llamado “Demasiadas semejanzas”. En él se advertía la posibilidad de que se estuviera encausando y poniendo en peligro la vida de una inocente que, además, había perdido a sus padres de una forma terrible. Aunque en la pequeña población de Fall River ya había dos bandos; los que creían a Lizzie culpable y los que pensaban que era inocente. De hecho, la criada en todo momento defendió a su ama.

Este juicio marcó historia dentro de Estados Unidos, sobretodo por el enorme peso que tuvo en él la prensa. Además, fue el primer juicio transmitido de la historia de Estados Unidos. Hasta entonces, ningún suceso de esta índole había tenido tanta cobertura en los medios, aunque la prensa mostraba a Lizzie cómo una pobre acosada por jueves y fiscales que debía defenderse en inferioridad de condiciones y que jamás se tenía en cuenta su inmenso dolor tras la pérdida de sus padres.
Por supuesto, un lugar cómo Fall River, no podía verse envuelto en polémicas de este tipo por lo tanto, podéis imaginar la presión bajo la que trabajaron los fiscales encargados del caso.

La autopsia tampoco fue una excepción y se sucedieron todo tipo de irregularidades. De hecho, durante la celebración de los funerales, se tuvo que interrumpir la ceremonia porque el forense encargado del caso había decidido realizar una segunda autopsia a los cuerpos. Durante ésta, se separaron las cabezas de los dos cuerpos y, por alguna razón que jamás se aclaró, la de Andrew nunca fue devuelta a su sitio, así su cadáver fue enterrado decapitado.

Según Moody, el ayudante asignado al fiscal encargado del caso, Lizzie tenía diversas razones para matar a su padre. La principal, según él, era su mala relación. De hecho, Lizzie ni tan solo en el juicio ocultó su antipatía por la mujer de su padre.
Según Moody, la antipatía había llegado al odio y, tal era la frustración que sentía la hija menor de la familia Borden al no poder haber hecho jamás una vida normal, que decidió acabar con los que ella creía que tenían la culpa de aquello.
Y lo cierto es que Moody no se equivocaba, pues Lizzie había sido apartada de la sociedad de Fall River por imposición de su progenitor, quedando de esta formada aislada del mundo real. Incluso hubo quién apuntó en los celos de Andrew y su terca opinión de que pocos realmente merecían a Lizzie, la existencia de un fondo incestuoso para explicar su carácter posesivo respecto a su hija.
Moody también afirmaba que Lizzie iba a heredar parte de la enorme fortuna de su padre y participaciones en bolsa, además de documentos bancarios y propiedades de tierras y empresas de las que Andrew disponía en aquella adinerada población.
También se dijo que durante la época del asesinato, Andrew estaba tratando de redactar un nuevo testamento que no favorecería a sus hijas pero sí a su madrastra, dándole casi toda su fortuna y todas sus propiedades.
Por no mencionar que sus constantes contradicciones a involucraban casi por completo en la ejecución del doble asesinato.

Todo apuntaba hacia Lizzie, aunque el tribunal parecía dispuesto a beneficiarla, al igual que su hermana Emma, una mujer misteriosa de la que tan solo se conserva un boceto de su rostro hecho durante el juicio que nunca dejó de batallar a favor de su hermana y que jamás hizo declaraciones que pudieran implicarla.

Finalmente, y tras proclamarse Lizzie inocente, el veredicto escogido por el jurado fue el mismo. Lizzie quedaba libre.

Tras el juicio y saberse de su supuesta inocente, Lizzie se convirtió prácticamente un una heroína, aclamada por el público y la prensa, que habían sido sus mejores abogados haciendo una presión sobre su veredicto que pocos habrían podido lograr.
Los medi
os la tildaban cómo una valiente mujer que se había enfrentado sola al sistema judicial norteamericano y a una posible pena de muerte.

Tras el juicio las dos hermanas, que eran cómo uña y carne, se trasladaron a una casa que llamaron Maplecroft, en el mismo pueblo. Pero en 1905 discutieron sobre una fiesta que Lizzie había dado en honor a la actriz Nance O’Neal, supuestamente por los celos qu sentía Emma a las atenciones que la actriz recibía, ya que se tenía una relación esplédndida con Lizzie. De hecho, se rumoreaba que Lizzie (quién después empezó a utilizar el nombre de Lizbeth A. Borden) y Nance, mantuvieron un idilio.
Tras esta discusión la hermana mayor se mudó a otra residencia y, poco a poco, la fama de Lizbeth se fue marchitando, quién fue rechazada por la sociedad de River Fall y prácticamente ya no salía de casa, tan solo se veía en ocasiones con la mencionada actriz y viajaba, por causas que se desconocían, a Boston. Además de donar grandes sumas de dinero de la fortuna que las hermanas heredaron de su padre a asociaciones protectoras de animales.

Lizzie, prácticamente olvidada, murió de neumonía el 1 de junio de 1927. Su hermana, con la que ya no tenía relación, falleció tan solo 9 días después al caer por unas escaleras de su casa.
Ambas fueron enterradas en el panteón familiar, junto a una tercera hermana que murió al nacer, su madrastra y junto al cuerpo decapitado de su padre.

La casa dónde tuvo el lugar el parricidio es ahora una pensión, mientras que Maplecroft es un domicilio particular.

Sin quererlo, Lizzie Borden se convirtió en una figura del folklore norteamericano y que marcó, fundamentalmente, la historia de la ciudad de Fall River. Quizás este caso haya trascendido a lo largo de siglos debido a que, a día de hoy, todavía se desconoce el culpable y el móvil del crimen. Una historia que ha sido trasladada al cine y al teatro en numerosas ocasiones.
Sin duda, a día de hoy continúa siendo una figura popular de Estados Unidos que fue y será uno de los mayores enigmas dentro de la criminología moderna.

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2 comentarios to “Lizzie Borden”

  1. Alicia dice:

    Desconocía por completo la historia de Lizzy Borden, me ha encantado poder tener conocimiento de tal parricidio y su transcendencia. Buen trabajo Tania. Saludos!

  2. Tania dice:

    Muchas gracias Alicia! Un beso!

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