CRÓNICA: Leyendas del Rock 2026: Viernes de contrastes y grandes emociones
Tercer día del Leyendas del Rock
Tercer día del Leyendas. Empiezo a perder la noción del tiempo y a no saber en qué día vivo. Por primer año en mis cinco ediciones no estoy cansada y estoy disfrutando realmente de cada concierto al que puedo asistir. Y eso, teniendo en cuenta que todavía nos queda un día por delante, es muy buena señal.
FUTURE PALACE
La tarde la empiezo con Future Palace, aunque los cojo a medias, y como cada año a estas horas tan calurosas, la gente solo ocupa la zona donde se proyecta la sombra de los escenarios.
Me parece una banda interesante aunque no conozca nada de ellos, así que les doy una oportunidad y se unen a esas bandas de grandes descubrimientos del Leyendas. Son un trío alemán de post-hardcore que mezcla guitarras bastante contundentes con electrónica, sintetizadores y unas melodías que hacen que, aunque no sea exactamente mi estilo habitual, consiga engancharme. Además, María Lessing tiene una presencia sobre el escenario que hace que sea imposible no prestarle atención.
Definitivamente, otro nombre que me apunto para escuchar con más calma después del festival.
THE BABOON SHOW
Pero el plato fuerte de la tarde era el que se presentaba en el escenario Doro Pesch. The Baboon Show por fin se han llevado una plaza dentro de este festival, y el público los recibimos como se merecen.
Aunque un poco parados al principio, Cec mete mano, o mejor dicho, se mete ella entre el público a organizar un circle pit. No esperaba menos de los espectadores que alguno se lance también a surfear y, por un momento, empieza a haber un río de gente navegando.
Nos otorgan sus temas más clásicos, que, obvio, no pueden faltar en un concierto de ellos: Be a Baboon, Holidays, quizás las menos oídas, pero sí God Bless You All, que todos nos lanzamos a cantar, Forward in Reverse, You Got a Problem Without Knowing It, Playing with Fire, Radio Rebelde y Me, Myself and I para terminar poniendo el broche de oro a una hora exacta de concierto.
Como siempre, no nos cansamos de ver a una incombustible Cecilia, saltando, tirándose al público y encaramándose a las vallas para cantar más cerca de sus fans.
Impecables como siempre y, seguro, haciendo nuevos adeptos para seguirlos.
SARATOGA
Después toca cambiar de escenario y nos vamos a por Saratoga, una de esas bandas que forman parte de la historia del heavy metal nacional y que en esta ocasión llegaban con nueva formación y nuevas canciones.
Y aquí se nota que estamos ante una banda que juega en casa. El público conoce los temas, los canta y responde desde el primer momento. Saratoga no necesitan demasiadas presentaciones ni artificios: guitarra, batería, voz y ese heavy metal clásico que llevamos tantos años escuchando.
El repertorio recupera algunos de sus temas más reconocibles y, aunque siempre hay canciones que echas de menos cuando el tiempo de festival obliga a recortar, consiguen dejar claro por qué siguen siendo uno de los nombres imprescindibles del metal nacional.
Y casi sin darnos cuenta, toca correr otra vez.
Porque si algo tiene este festival es que cuando quieres verlo todo, acabas haciendo kilómetros entre escenarios como si también formara parte de la programación.
EMPLOYED TO SERVE
En el New Rock me acerco a Employed to Serve, y aquí cambiamos completamente de registro. Más agresividad, más intensidad y un sonido que entra como un puñetazo. La banda británica se mueve entre el metalcore y el hardcore, y desde el primer momento queda claro que lo suyo no es dejar al público quieto.
Es de esos conciertos que quizás no necesitas conocer previamente para terminar metida dentro. Mucha contundencia, breakdowns y una energía que hace que el escenario pequeño parezca uno de los principales.
Y entonces llega uno de los grandes momentos de la jornada. El clásico entre los clásicos.
STRATOVARIUS
Stratovarius salen al escenario Doro Pesch y el ambiente cambia completamente. Los finlandeses llegaban con un repertorio muy especial para celebrar este XX aniversario del festival, recuperando precisamente buena parte de los temas que los han convertido en una de las bandas fundamentales del power metal europeo.
Y claro, cuando empiezan a sonar temas como Speed of Light, Eagleheart, The Kiss of Judas o, sobre todo, Black Diamond, ya no hay mucho más que explicar.
El público canta, salta y disfruta de uno de esos conciertos que parecen hechos para un festival como este. Melodías, solos, coros y ese power metal que, aunque pasen los años, sigue funcionando exactamente igual.
Me quedo especialmente con la sensación de estar viendo una pequeña celebración de la historia de Stratovarius, algo que encaja perfectamente con la edición XX aniversario del Leyendas. Además, a diferencia de lo que nos tienen acostumbrados en directo, para esta ocasión contamos con bailarinas, escupefuegos y demás acompañantes femeninas que van coreografiando sus canciones y les dan un push de enfoque a lo que pasa sobre el escenario.
Y todavía nos queda el plato fuerte.
Porque si hay un nombre que llevaba marcado en el cartel desde que se anunció esta edición, ese es In Flames.
IN FLAMES
Los suecos eran uno de los grandes reclamos del viernes y, además, tenían el honor de encabezar la jornada, y se nota.
A estas horas el recinto ya no tiene nada que ver con el de primera hora de la tarde. Donde antes buscábamos desesperadamente un poco de sombra, ahora cuesta encontrar un hueco desde el que ver el escenario. Por lo que me retiro como hize con Arch Enemy a un lateral del recinto, a tumbarme en el suelo, cenar algo y coger fuerzas para el segundo plato fuerte de la noche.
In Flames salen a demostrar por qué siguen siendo uno de los nombres más importantes del death metal melódico y, sobre todo, por qué su sonido de Gotemburgo sigue teniendo tantos seguidores.
Guitarras, potencia y una colección de temas que hacen que el público no deje de saltar y cantar. No necesitan demasiadas explicaciones ni grandes discursos: cuando empiezan a sonar los primeros acordes, el público ya sabe perfectamente lo que tiene que hacer. Pese a dejar de seguir a In Flames alrededor de los 2000, el sonido sigue siendo el mismo, y si quizás eche en falta algunos de los que para entonces eran sus grandes éxitos, pero que no hayan tenido que recurrir a 20 años atrás también dice mucho de una banda muy activa.
SAUROM
Llegó el momento, MI MOMENTO, y es que los que ya sois seguidores nuestros, o sobre todo míos, sabéis de mi cariño especial a la banda que piso el Doro Pesch Stage en ese momento. Saurom, los gaditanos que me tienen robado el corazón y el objetivo. En este concierto, siguen presentando su último trabajo, El Principito, pero durante una hora y veinte minutos que se pasan volando y te dejan con el mal sabor de boca de no haberlos podido disfrutar más rato.
Los nervios estaban en el ambiente, tenía que salir todo bien, y tenían un montón de gente invitada para la ocasión.
Hasta sesenta y cuatro personas llegaron a estar encima de las tablas de Villena para ofrecernos el mayor show posible.
Con una intro que ya nos ponía los pelos de punta, aparecían sobre el escenario el personaje de El Zorro, un equilibrista interpretando a El Principito, subido en su asteroide, y una zancuda dando vida a La Rosa, mientras sonaba el Prólogo. En escena también aparecían el Rey y el Farolero, haciendo entre todos un pequeño teatrillo de lo más conmovedor, mientras el coro iba colocándose en sus posiciones.
Si hay algo que hace especiales los directos de Saurom es que no se limitan a tocar sus canciones, sino que convierten el escenario en un pequeño cuento. Cada tema tiene su propia historia y su propia puesta en escena, haciendo que el concierto sea mucho más que una sucesión de canciones.
Arrancando, como en toda su gira, con El Principito, ya nos devuelven a la realidad: hemos venido a cantar, saltar y bailar al ritmo de sus melodías. Pero las tienen muy bien elegidas, pues tienen poco tiempo para demostrar que han venido a dejar el pabellón bien alto, así que la segunda de la noche es Nostradamus.
Después de este inciso épico, saltamos con La Leyenda de Gambrinus y nos tocan la fibra con el realismo de Baobabs.
No seré yo se convierte en todo un despliegue de cantantes sobre el escenario. Ya sabemos que Israel Ramos y Ramón Lage son las voces invitadas que aparecen en la grabación de estudio, pero en esta ocasión, ante la ausencia de Ramón, es José Mancheño, de Lándevir, quien ocupa su lugar junto a Isra y Miguel Ángel. Y el resultado no puede ser mejor: tres voces que se complementan a la perfección y que consiguen que una de las canciones más potentes del disco gane todavía más fuerza en directo.
Y aunque al principio parece que hay algún fallo técnico con los micrófonos, no es más que el típico desliz de salir al escenario con el micrófono apagado. Se soluciona rápidamente y casi ni se nota, porque el público ha roto a cantar desde la primera frase. Esta es una de esas canciones que se han vuelto imprescindibles en el repertorio de Saurom, con esa fuerza y esa garra que despierta en quien la canta, haciéndola suya.
El Pájaro Fantasma, con la maravillosa Elizabeth Amoedo, se convierte en otra obra maestra sobre el escenario. La canción, basada en una leyenda popular de Arcos de la Frontera, cuenta la trágica historia de una mujer que, tras perder a su amado en la guerra, se lanza al vacío y queda convertida en un espectro condenado a esperar eternamente a su caballero. Elizabeth, que ya participó en la grabación original interpretando a la Reina y al Pájaro Fantasma, consigue trasladar toda esa historia al escenario y darle una dimensión todavía más teatral.
Y si en los conciertos en sala puede parecer que la canción pierde algo de atractivo por su duración y las pistas grabadas, aquí se convierte en todo un espectáculo gracias a los coros, la ambientación y los efectos de humo y pirotecnia. Un despliegue que encuentra la perfección como con El Mordisco de la Serpiente, y que, junto con Nostradamus, se convierte en una de las canciones más potentes de la velada.
El momento lacrimógeno nos lo dejan con Todo en Mi Vida, una balada que ha entrado de cabeza en ese top de canciones que te tocan el alma y que hace que, al menos por esta noche, no echemos de menos algunas otras como Cuando Nadie Nos Ve.
Alejándonos ya del primer bloque de canciones, llega el momento de la fiesta y el festival. Así que ahora sí, este bloque empieza con El Rey que no Sabía Mandar y El Carnaval del Diablo, donde nuevamente vemos un despliegue de zancudos, malabaristas, bailarinas y músicos sobre el escenario.
Pero lo mejor está todavía por llegar. En el siguiente tema, todos esos músicos y animadores que habían estado en el escenaro, bajaron corriendo para abrir un GRAN círculo entre el público porque, sí, señores, llegó ese momento que tan ansiadamente esperamos en estos conciertos. Llegó el momento del Círculo Juglar, donde disfrutamos, saltamos y bailamos todos a una, en una de esas escenas que ya se han convertido en parte imprescindible de cualquier concierto de Saurom.
Y llegando al final del concierto, suena Fuego, con un escenario lleno de llamas y bailarinas ondeando abanicos de telas con los colores del fuego, además de los cañones de confeti, en medio de todo este espectáculo descubro que entre el público se ha formado un crowdsurfing y ni me lo pienso: me lanzo a ello también.
No podía haber mejor manera de acabar el pedazo de concierto de mis queridos Saurom que por los aires y disfrutándolo como nunca. Algo que me parece impensable dado que el estilo de música o el tipo de público asistente quizás no invita a ello, pero me siento agradecida de que siempre haya un puñado de locos dispuestos a llevar los conciertos más allá.
El punto final lo ponen con La Taberna y un escenario lleno de gente, a punto de desbordarse, celebrando ya el éxito del concierto y la fantasía que acabamos de vivir.
Y es precisamente eso lo que hace que un concierto de Saurom sea diferente: durante una hora y veinte no solo hemos escuchado música. Hemos entrado en un cuento, hemos sido parte de él y, cuando finalmente se apagan las luces, nos queda esa sensación de haber vivido algo que va mucho más allá de un simple concierto.
DARK MOOR
Dark Moor se encargan de cerrar mi noche, ya de madrugada, y aquí volvemos al power metal con ese punto sinfónico que siempre ha caracterizado a los madrileños.
A estas horas el cansancio empieza a hacer acto de presencia, pero todavía queda público dispuesto a aguantar hasta el final. Y Dark Moor consiguen que merezca la pena quedarse. Un concierto muy de Leyendas, de esos que mezclan épica, melodía y una buena dosis de nostalgia para quienes llevamos años escuchando metal nacional.
Y así termina mi tercer día, de nuevo con vivencias de todo tipo, con estilos de música para todos los gustos y con muy buen sabor de boca, de que aún seguimos aguantando enteros esta edición del festival.
Quizás el día de después cambiaría de opinión.
