CRÓNICA: Leyendas del Rock 2026: un arranque entre clásicos, brutalidad y fiesta
Un año más acudimos a nuestra cita preferida, nuestra casa: el Leyendas del Rock. Solo que este año, al menos de momento, el festival empieza dejando un cierto mal sabor de boca.
Después de cinco ediciones acudiendo en solitario a este festival y ocupando el foso desde el segundo año, para poder llegar a lo máximo posible cubriendo más conciertos y pudiendo daros a los lectores de nuestra página el máximo de información sobre lo que pasó, esta edición hemos sido excluídos del foso, por eso, desgraciadamente, esta crónica quedará un tanto descafeinada, y no podréis disfrutar de todas esas fotos de calidad que tanto os gustan.
Pero vamos al principio, porque el primer «marrón» del festival me lo encuentro nada más llegar al camping.
Tras cinco horas viajando sola en coche, una vez aparco en el parking del festival, cojo únicamente la tienda de campaña ya que siempre se me hace muy pesado buscar un sitio donde acampar con todos los bultos encima y viendo que estaba todo bastante lleno, mi intención era hacer primero un recorrido de reconocimiento para decidir dónde plantarme y después volver al coche a recoger el resto de los trastos.
Mi sorpresa llega cuando no me dejan pasar enseñando la entrada en la mano, algo que he hecho todos los años sin problemas, incluso mucho más tarde, ya que normalmente, por trabajo, mi hora de llegada al camping era sobre las ocho de la tarde. Los trabajadores de allí la única respuesta que me dan, es que tengo que ir a la taquilla a por la pulsera, aunque le esté mostrando la entrada física al camping y que solo tengo intención de dejar la tienda, montarla y luego acceder a las taquillas sin tener que rodear toda la zona de camping, que no es pequeña, para llegar hasta las taquillas, como llevo ya cinco ediciones haciendo.
Un camping cada vez más complicado
Compré el abono en abril pensando que, quizá por tratarse del XX aniversario, pondrían algún límite al número de entradas. Mi sorpresa es que no solo los abonos siguieron disponibles, sino que además el camping está prácticamente saturado y apenas queda sitio donde colocar una tienda.
La sensación es que se han vendido más abonos de los que el espacio permite asumir cómodamente y es algo que en lo que queda de día acaba más que demostrado.
Los que llegaron durante los días anteriores, o simplemente ese mismo día en horas mas tempranas, fueron colocados dejando unos estupendos pasillos de emergencia que, como era de esperar, a las tres de la tarde ya apenas existían, ante las quejas de otros campistas que habían llegado antes y que a ellos les habían obligado a respetar, pero llegado ese momento, ya no hay espacio, no caben las tiendas, no se puede respetar separación ninguna y nos quejamos, y no somos los únicos que lo pensamos. Incluso algunos trabajadores de vigilancia se quejan de la organización y nos animan a presentar las quejas por escrito directamente a la organización.
Lo del camping se torna el tema del evento. Año tras año vemos cómo se va recortando la zona de sombra, donde quedan parcelas sin utilizar, sin aprovechar y sin dar comodidades a los usuarios mientras los precios de los abonos siguen subiendo.
Y los baños tampoco parecen ir a mejor. Cada año encontramos unos cuantos menos, por lo que hacer un simple pipí cuando estás tranquilamente en tu tienda —o cuando estás durmiendo— se convierte en una auténtica gimcana, hay que trepar muros, recorrer un buen trecho y cruzar medio camping hasta encontrar uno de esos infiernos sucios y apestosos. Así fue que al tercer día de festival, cuando pasabas por algunas de las zonas mas alejadas de la entrada (donde se encontraban los únicos baños del camping), se sentía el olor a orín, incluso veías garrafas de agua llenas de un misterioso líquido amarillento.
Otra novedad de este año, aunque esta resultó ser para bien, es que nos han quitado las cañerías de las duchas y han aparecido unos tipo ToiToi reconvertidos en duchas. ¿Unas cincuenta? Para los cientos de campistas que estamos allí, pero por suerte siempre había algúna libre, no hacía tanto calor dentro como daba la sensación y el poder salir de allí limpio y cambiado fue un plus bastante positivo. Ya sería un positivazo aún mayor, si las pusieran en uno de esos trozos del camping vacíos y sin utilidad.
Menos carreras, más disfrutar
Este año toca vivir el festival de otra forma. Menos carreras, más música, y sobre todo, disfrutar de aquello que realmente me apetecía ver, aunque esto me haya quitado de conocer bandas mas pequeñas pero que pueden ser igual de buenas que las que tocan en los dos escenarios principales.
Cruzamos por primera vez nuestra entrada al festival, y disfrutamos de la sensación de pisar ese paraíso por el que caminaremos durante los próximos días, y es que aunque sea un infierno de polvo y calor, atravesar las puertas significa desconectar, disfrutar, recordar, y reencontrar.
Echamos en falta nuestra gigantesca guitarra donde hacerse fotos, pero contemplamos muchas otras novedades, buenas y no tan buenas.
En los baños principales, han instalado una zona de hidratación con grifos donde llenar tu vaso de agua o refrescarte.
Seguimos caminando y nos encontramos con el primer contra, y es que la zona de merchandising y la barra principal están completamente saturadas de gente. A la derecha se acumulan quienes están recargando las pulseras en las máquinas, (novedad de este año, es que todos tenemos una pulsera de tela con un QR donde vamos a poder llevar nuestro dinero para hacer gasto de él en barras y foodtrucks) y, a la izquierda, quienes quieren comprar algo de merchandising. Resultado: atravesar esa zona se convierte en una tarea bastante más ardua de lo que debería.
Y ahora sí, vamos con la música.
ORBIT CULTURE
Mi primera banda del día es Orbit Culture, formación sueca que se mueve entre el death metal melódico, el groove metal y elementos de metal moderno, con un sonido tremendamente contundente.
Aprovecho para hacer unas fotos, para no dejar a mis seguidores completamente huérfanos de ellas, pero a partir del cuarto tema me veo obligada a guardar el equipo fotográfico.
El motivo tiene nombre y apellido: el muchacho de la carcher —que sí, se agradece muchísimo, sobre todo con el calor que hace— empieza a echar agua al público. El problema es que, cuando llevas cientos o miles de euros en equipo fotográfico entre las manos, que te lo rieguen no hace tanta gracia, y al final, cansada de ir subiendo y bajando la cámara, decido guardarla en la funda y olvidarme de ella.
Orbit Culture se mete al público en el bolsillo con sus temas pesados y contundentes y no tardamos demasiado en ver cómo empiezan a caer personas al foso mientras la banda pide que se forme un gran mosh pit entre el gentío.
No necesitan decir demasiado. La música habla por ellos, y el público responde.
La banda sueca se lleva un recuerdo increíble del Leyendas, porque la gente está participativa de principio a fin, coreando su nombre durante las pausas entre canción y canción. Y no se merecen menos: lo han dado todo sobre el escenario y, cuando apenas acaba de comenzar el festival, ya han dejado el listón muy alto.
BLACK LABEL SOCIETY
Después de la descarga de Orbit Culture llega Black Label Society, y el cambio de ambiente es considerable.
Aquí parece que baja el alboroto del público y sube esa sensación de estar allí para escuchar el concierto, dejarse envolver por las guitarras y sentir cómo las notas se meten por los poros de la piel.
Y precisamente ese aire melancólico, sureño y motero de BLS es lo que más me gusta de ellos.
La banda liderada por Zakk Wylde vuelve a ofrecer esa imagen que ya forma parte de su identidad: chalecos de cuero, una escenografía cargada de amplificadores y, por supuesto, ese constante cambio de guitarras de Zakk prácticamente en cada canción, enseñando al mundo su gran colección.
Durante la actuación se producen algunos desajustes de sonido, hasta el punto de que llegan a quedarse completamente sin él durante unos segundos. Curiosamente, sobre el escenario parece que aquello pasa desapercibido y la banda continúa tocando como si nada.
Sonaron mis favoritas, A Love Unreal, No more Tears, Suicide Messiah y Stillborn además de uno de esos momentos que los seguidores de Zakk Wylde esperan: los solos de guitarra detrás de la cabeza, a dúo —o casi duelo— entre el y Dario Lorina, que dejan al público completamente anonadado.
SAVATAGE
Pese a ser ya prácticamente la hora de cenar, Savatage consigue reunir a un buen montón de gente frente al renombrado escenario.
Y no es para menos. La banda estadounidense, una de las grandes referencias del heavy metal y el metal progresivo, llegaba a Villena con un concierto especialmente esperado y dentro de una gira europea que recupera muchos de sus clásicos.
Su repertorio está cargado de historia: Dead Winter Dead, Jesus Saves, The Wake of Magellan, Strange Wings, Sirens, Handful of Rain, Chance, Believe, Gutter Ballet, Edge of Thorns forman parte del repertorio de esta etapa de la gira.
Y llega uno de los momentos más emotivos con Believe.
En la pantalla del fondo aparece Jon Oliva, vocalista y fundador de Savatage, interpretando el comienzo del tema. Después la banda se incorpora y continúa la canción en directo. Un recurso que podría haber quedado extraño y que, sin embargo, termina funcionando de una manera bastante emocionante y entrañable.
No faltan tampoco clásicos como Power of the Night, perteneciente al álbum homónimo de 1985, o Hall of the Mountain King, uno de los grandes himnos de la banda.
Un repertorio que demuestra que Savatage sigue teniendo mucho que decir cuando se trata de mirar hacia atrás sin quedarse anclados en el pasado.
También podemos disfrutar del momento emotivo en el que aparecen imágenes de fotografías del hermano de Jon Oliva, Criss Oliva, cofundador y guitarra de la banda, fallecido en un trágico accidente de tráfico a la edad de 30 años en 1993.
Fue un gran concierto cargado de emoción y vitalidad donde la banda dejó claro cual es su sitio y que hay Savatage para años.
SLAUGHTER TO PREVAIL
Y entonces aparecen ellos.
Slaughter to Prevail salen al escenario donde un enorme oso grizzly inflable rugía desde el primer momento en que los técnicos preparaban lo que iba a ser el concierto mas bruto de la noche.
¿Qué se puede esperar de algo así? Pues, sinceramente, el puñetero mejor concierto de deathcore de la noche.
Porque si algo caracteriza a esta banda ruso-estadounidense liderada por Alex Terrible es la brutalidad. Y en Villena no se guardaron absolutamente nada.
Cada nota cae como un martillazo, acompañada por cantidades ingentes de llamaradas y humo. La producción es espectacular y el público responde como si llevara esperando todo el día precisamente esto.
Mosh pits, walls of death y una auténtica locura en todas y cada una de las filas.
Hacía tiempo que no veía algo semejante desde aquel memorable concierto de Angelus Apatrida de hace diría que, cuatro ediciones.
Slaughter to Prevail llegaban además a Villena como una de las grandes apuestas internacionales de esta edición, en su actuación exclusiva en España, y dejaron claro por qué están considerados una de las bandas más potentes de la nueva generación del metal extremo.
El repertorio incluye auténticos trallazos como Bonebreaker, Russian Grizzly in America, Viking, Baba Yaga, Kid of Darkness, Behelit y Demolisher, temas que explican perfectamente la locura que se monta delante del escenario.
Y sí: el oso grizzly inflable tiene todo el sentido del mundo.
SEPULTURA
Al ratito de comenzar Sepultura, me acerco para disfrutar de una banda que, además, afronta una de sus últimas etapas sobre los escenarios. Los brasileños están inmersos en su gira de despedida y su paso por el Leyendas tiene un significado especial, ya que el festival anunciaba esta actuación como su último concierto de despedida en España.
Y si algo tenía claro la banda era que no iba a marcharse sin repasar buena parte de su historia. El repertorio es una auténtica colección de clásicos, con temas como Refuse/Resist, Territory, Arise, Dead Embryonic Cells, Slave New World, Convicted in Life, Kairos y, por supuesto, Roots Bloody Roots, uno de esos temas que en un festival como el Leyendas no necesitan presentación.
Una buena representación de las diferentes etapas de Sepultura, desde la época más extrema de sus comienzos hasta los grandes clásicos que terminaron convirtiéndolos en una de las bandas brasileñas más importantes de la historia del metal.
Pero no puedo quedarme hasta el final.
Otros compañeros de batalla me han recomendado encarecidamente que me acerque al New Rock Stage para ver a Prom Kinks, y aquí una está dispuesta a seguir los consejos, ya que quienes los dan, ¡me conocen bien!
Así que dejo a Sepultura con sus clásicos y pongo rumbo al otro escenario para descubrir qué se traen entre manos estos españoles.
PROM KINKS
Y aquí es donde hago caso a los compañeros y me marcho al New Rock Stage a descubrir a Prom Kinks, una banda madrileña nacida a finales de 2023 que, pese a llevar relativamente poco tiempo en activo, viene pisando muy fuerte. Eso sí, de novatos tienen poco: sus cuatro componentes llegan con una amplia experiencia previa en diferentes proyectos y estilos, especialmente dentro de la escena metal.
Ellos mismos definen lo que hacen como partycore, una mezcla tan difícil de explicar como fácil de disfrutar: metalcore, electrónica, hardtechno, eurodance, hardbass y una buena dosis de humor. Todo ello metido en una coctelera y servido en directo con una única intención: que la gente salte, baile, sude y, sobre todo, se lo pase genial.
Y menuda fiesta tienen montada esta gente.
Aparecen en el escenario vestidos como jugadores de fútbol americano y con un enorme hinchable presidiendo el escenario, además de acompañados por la mascota del equipo, Otto, una nutria que forma parte prácticamente del universo de la banda. No tarda ni medio tema en lanzarse al público y liarla. Porque aquí han venido a tocar, sí, pero sobre todo a montar una fiesta.
Las pelotas de fútbol americano no paran de saltar por los aires de un lado a otro durante todo el concierto. A ellas se une un flotador de unicornio que alguien del público decide aportar al espectáculo y que acaba formando parte de la fiesta como si hubiese estado preparado desde el principio. Incluso llegamos a ver durante un rato a alguien del público subido sobre él y casi al final, incluso un colchón hinchable de camping donde no tardamos en vera Otto subido a él junto con su primer viajante.
Y es que Prom Kinks no se limitan a tocar canciones. Todo está pensado para que el público participe. La estética, la mascota, los hinchables, las bromas y esa actitud de fiesta universitaria americana forman parte de un espectáculo que la banda lleva trabajando desde sus comienzos. De hecho, desde antes incluso de publicar su primera canción ya tenían definido todo el concepto visual y escénico del grupo.
Su primer álbum, Rookie of the Year, publicado en 2024, incluye temas como Burgercoin, Bros Night Out o Slavyankinks, canciones que resumen bastante bien esa mezcla de metal, electrónica y cachondeo que llevan al escenario.
Y en el Leyendas consiguen precisamente lo que prometen: convertir el New Rock Stage en una auténtica fiesta. El recinto está bastante lleno y el público responde a cada una de sus ocurrencias, demostrando que, después de todo un día de conciertos y variaciones de estilos todavía nos queda energía para este rato de juerga y cachondeo.
Porque aunque todos los conciertos del día están siendo increíbles y brutales dentro de su estilo, de vez en cuando también hace falta olvidarse de la seriedad, dejarse llevar y simplemente pasarlo bien.
Y aquí, desde luego, Prom Kinks saben cómo hacerlo.
Así que: consejo recibido y seguido.
Y qué buen consejo.
Mañana, más.
