CRÍTICA: OBSIDIAN CHURCH – Stonebound
Hay discos que buscan sonar antiguos y otros que directamente parecen haberse caído por una grieta temporal. Stonebound, debut de lxs sicilianxs Obsidian Church, pertenece claramente a la segunda categoría. Formadxs en 2024 entre Palermo y Messina, el grupo reúne a Vicar Nocturnus (voz), Antonio La Camera (batería), Jos Curtis (bajo) y las guitarristas Sara Scavo y Giada Seidita. El álbum junta seis temas —Fallen, The Great Circle of Summoning, Specter of Despair, Soul Enchantment, Witching Hour y De Occvlta Philosophia— en unos 37 minutos de doom clásico, oscuro y bastante poco interesado en sonar moderno.
La referencia más evidente son Candlemass, y no precisamente de manera sutil. Stonebound bebe directamente del epic doom de los ochenta, hasta el punto de que algunos riffs recuerdan de forma muy clara a los primeros trabajos de la banda sueca. También aparecen en el ADN de Obsidian Church Sabbath, Pentagram, Solitude Aeturnus o Paradise Lost. El problema, claro, es la originalidad: aquí hay poca. La virtud es que tampoco parece importarles demasiado. Obsidian Church conocen perfectamente el lenguaje que están utilizando y lo ejecutan con bastante solvencia, sin intentar disfrazarlo con una producción innecesariamente moderna.
Fallen abre el disco con guitarras solemnes y una voz teatral que apuesta más por la interpretación que por el lucimiento. The Great Circle of Summoning, con casi nueve minutos, es probablemente el mejor ejemplo de su fórmula: riffs enormes, tempos pesados y esa sensación tan doom de que algo horrible se acerca muy despacio. Specter of Despair, Soul Enchantment y Witching Hour mantienen el viaje entre el heavy clásico, el ocultismo y la melancolía, mientras De Occvlta Philosophia cierra el conjunto reforzando su atmósfera ritual.
Las letras giran alrededor de la muerte, la desesperación, el esoterismo, los conflictos internos y la sensación de estar atrapades por fuerzas que nos superan. La propia idea de Stonebound funciona como metáfora de ese peso: algo antiguo que nos mantiene atades y del que resulta imposible escapar.
La portada, tomada de The Last Sigh of Christ (1840), de Julien Michel Gué, encaja perfectamente con todo esto: Cristo agonizante en un paisaje oscuro y apocalíptico. No es un disco religioso, pero sí utiliza ese imaginario de culpa, sacrificio y trascendencia para construir su atmósfera.
También es significativo que Stonebound esté dedicado a Ragne Wahlquist, de Heavy Load, una figura importante del heavy metal sueco. La dedicatoria ayuda a entender que Obsidian Church no están intentando reinventar el género, sino reivindicar un linaje concreto del metal clásico.
Y ahí está tanto lo mejor como lo peor del álbum. Stonebound es derivativo, sí, pero no está mal hecho. De hecho, está bastante bien hecho. Todavía falta una voz propia que permita distinguir a Obsidian Church de sus referentes, pero como debut funciona: seis canciones con riffs sólidos, mucha atmósfera y una pasión evidente por un tipo de doom que ya no se lleva precisamente a todas horas.
No van a cambiar la historia del género con este disco, pero tampoco parece que ese sea el objetivo. De momento, Obsidian Church se conforman con mantener encendido un fuego bastante antiguo. Y, visto lo visto, tampoco es mala manera de empezar.
Dying Victims Productions (2026)
Puntuación: 7,5/10
