CRÓNICA: Saurom, Un concierto para el alma en Barcelona

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Hay conciertos que se disfrutan y conciertos que se sienten. Lo vivido el pasado sábado 6 de Junio en Barcelona fue de esos que te acompañan de vuelta a casa y siguen rondándote la cabeza varios días después. (y ojalá no pare de rondar nunca)

Colgado el cartel de Sole Out hacía días, sobre las siete de la tarde, ya había una larga cola ocupando la calle, alrededor de unas cincuenta personas esperando a las puertas del teatro Orfeó Martinenc impacientes y con la incógnita de qué se encontrarían cuando entraran en el teatro.

Acostumbrados a ver a Saurom con su despliegue de energía sobre el escenario, la propuesta acústica era una oportunidad para encontrarnos con la banda desde otro lugar. Más cerca, más «tranquila». Desde que se apagaron las luces quedó claro que no iba a ser una noche cualquiera.

En el repertorio de la noche no faltaron algunas de esas canciones que ya forman parte imprescindible de cualquier concierto de Saurom, pero otros temas como Cambia el Mundo, encargada de abrir la noche, hicieron que desde los primeros compases nos costara permanecer sentados en nuestras butacas. Y aunque así nos quedamos, nadie pudo evitar el ponerse a cantar y a acompañar con las palmas cada canción que iba sonando.

También hubo espacio para recuperar algunas joyas que personalmente echaba de menos escuchar en directo, como Vida o Memorias de un Héroe. Antes de interpretarla, Migue aprovechó para recordar que se trata de la única letra escrita por Raúl, animándole entre risas a seguir componiendo más canciones. Y no es para menos. Conociendo el trasfondo de esta preciosa composición, resulta inevitable pensar que ojalá nos regale más historias como esta en el futuro.

Entre canción y canción, las risas, los chistes y las bromas hicieron que el teatro se sintiera casi como una reunión entre amigos. Porque si algo tiene Saurom es esa capacidad de hacer que cada persona presente se sienta parte de algo especial. No importa cuántas veces los hayas visto antes; siempre encuentran la forma de volver a emocionarte.

Disfrutamos de la voz de Narci al mando de El Joven Poeta, y para mi, la que fue una de mis canciones favoritas de niña, Saloma, que me hicieron viajar de golpe atrás en el tiempo.

Hubo momentos para cantar, para reír y también para dejarse llevar por la emoción y tenernos con la lagrima apunto de caer. Canciones que se tornaban cálidas con la voz en coro de su público como sucedió cuando empezaron a tocar Dalia, Magia, o Romance de la Luna, Luna y la que ya de por si levanta todo tipo de sentimientos, Todo en mi vida.

Y como suele ocurrir en los directos, uno de los momentos más mágicos de la noche nació de un imprevisto. Casi al final de Para Siempre, el teclado de Santi dejó de sonar de repente. Lo que podría haber sido un incómodo fallo técnico se transformó, en cuestión de segundos, en uno de esos instantes que quedan grabados en la memoria de todos los que estaban allí. Si alguien me hubiera dicho después que aquello estaba preparado, me lo habría creído.

Con el acompañamiento desaparecido, Migue continuó cantando a capela. Fue imposible no sentir la emoción en el aire del teatro. Durante unos segundos solo existió su voz. La magia que habían creado entre los dos durante toda la canción era tan especial que creo que muchos ni siquiera fuimos conscientes de lo que había pasado. Simplemente nos dejamos llevar, admirando y disfrutando del momento.

Otro momento similar se vivió con Duérmedela, donde a media canción Migue parecía no encontrar el tono y su guitarra decidió que tampoco iba a afinarse correctamente. Pero lejos de empañar el momento, acabó regalándonos otra de esas situaciones que quedarán grabadas.

Al final, esos pequeños fallos son los que hacen que cada concierto sea único y que una noche como esta tenga todavía más encanto.

Después de varios intentos frustrados, dejó la guitarra a un lado y salió del escenario por un instante. Me imagino que los nervios y las ganas de no querer decepcionar al público le hicieron soltar un grito ahogado, mezcla de rabia e impotencia, en un momento de esos en los que todo pesa un poco más de la cuenta.

Pero con todo el teatro aplaudiéndole y animándole, volvió al escenario poco después y retomó la canción desde el principio. Esta vez lo hizo acompañado por la guitarra de Raúl, mientras él ni siquiera intentó volver a coger la suya.

Se le veía cargado de nervios, pero no faltaron los ánimos desde las gradas ni las muestras de cariño en forma de aplausos de todos los presentes.

De repente salimos de esa nube de ensimismamiento, nos hicieron levantarnos de las butacas y arrancó el “festival” de grandes éxitos. El queso rodante hizo que todos saltáramos y cantáramos a pleno pulmón, mientras desde el escenario nos animaban a hacer temblar el suelo.

El Círculo Juglar tuvo que adaptarse sobre la marcha, algo que ya comentó alguien desde el público en esos momentos en los que Migue aprovechaba para conectar con nosotros entre explicaciones y chistes. Así que lo que iba a ser el círculo se convirtió en una Ola Juglar, una dinámica que hizo que el público se implicara aún más sin necesidad de abandonar sus posiciones.

La Posada del Poney Pisador rescató recuerdos de otros tiempos, siendo uno de esos temas que, al menos en mi caso, no había tenido la oportunidad de escuchar en directo (y si lo hice, fue hace ya demasiados años y me cuesta recordar). Y, buscando el paralelismo con La Taberna, ya se iba intuyendo que el final de este viaje estaba cerca. Aun así, todavía hubo tiempo para Noche de Halloween, con la que se despidieron después de más de dos horas de concierto.

La banda apenas hace pausas entre tema y tema y encadena más de 25 canciones, pero la intensidad del directo hace que el tiempo pase casi sin darte cuenta.

Ha sido uno de los momentos más especiales que he vivido de la banda en todos estos años. Habiendo asistido a varios acústicos en el Festival Leyendas del Rock, en la plaza del Ayuntamiento, cave reconocer que este formato de teatro, te llega de una forma mucho más directa y nada tiene que ver.

Con la llegada del final, se me quedó esa sensación tan bonita que aparece después de las noches especiales, porque Saurom no solo interpreta canciones; crea recuerdos, y Barcelona, o al menos yo, una vez más, nos llevamos unos cuantos para guardar. Se quedan contigo de otra manera, como si cada canción encontrara su sitio. Por momentos desee que el instante no acabara nunca, y que pudiera guardar este hermoso momento para siempre.

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