Uli Jon Roth – 16/04/2017 (Sala Bóveda)

Debo de reconocer que hacía tiempo que no esperaba un concierto con tantas ganas como la visita a la Ciudad Condal del germano Uli Jon Roth. Y tras acudir a la velada, tengo sensaciones encontradas y un sabor ligeramente agridulce. Jamás había podido ver al veterano guitarrista en directo, y que además en esta ocasión la gira fuera “Tokyo Tapes Revisited” (uno de mis directos preferidos) era un gran aliciente. Porque, si algo bueno han tenido SCORPIONS eso ha sido la década de los 70 (y en los conciertos de la banda alemana esta época parece no haber existido jamás), y nada menos que por Uli, y ese estilo tan personal de tocar la guitarra. Así, en lunes festivo, la Sala Bóveda estaba prácticamente llena para presenciar la magia de este brujo de la guitarra. Uli y su banda, sin teloneros, se subieron puntuales a las tablas para ofrecernos unas dos horas de concierto.

 

Ya desde el primer momento se evidenciaban problemas de sonido, como que no se escuchara al vocalista, Piero Leporale (porque, además, la formación de este concierto no es la misma que la que grabó el DVD “Tokyo Tapes Revisited”, y era un poco floja a decir verdad, de hecho Uli se basta y se sobra con una banda más pequeña, y llena el escenario). Y fue algo que se alargó durante toda la noche, y no solo a la voz de Leporale, sino que también era imposible prácticamente escuchar a Uli, tanto entre tema y tema como en las canciones que cantaba él. A decir verdad la guitarra de Roth era lo único que se escuchaba con claridad.
Sin más preámbulos empezaron la noche con “All Night Long”, con un público entregado ardiendo en ganas de ver a la leyenda teutona, y siguieron con “Longing for Fire” y “Sun in My Hand“. La cosa se empezaba a caldear (y pude comprobar que hacia la parte trasera de la sala la voz era algo más audible) con “Sails of Charon” y explosionó por completo con la enorme “We’ll Burn the Sky”, con sección improvisada incluida. La banda no se mostraba demasiado entregada o dinámica, ni tan si quiera Uli, pero sus dedos flotaban sobre el mástil gráciles, haciendo que lo difícil parezca fácil y natural. “In Trance”, bien recibida, siguió caldeando los ánimos, e introdujo al que para mí fue el mejor momento de todo el concierto, y que debo reconocer me arrancó alguna que otra lágrima. “Fly to the Rainbow”, precedida de ese prolongado preludiuo instrumental que hace Uli titulado “Rainbow Dream Prelude” y que dota a la pista de un aire mágico y un regusto casi medieval. Sencillamente, en cuanto a sonido y estructura lo tiene todo. Pero lo mejor fue ver, aunque no se mostrara demasiado entregado, el sentimiento de Uli. Era estremecedor ver cómo la guitarra parece ser una extensión suya. Cómo cierra los ojos y se deja llevar. Su pasión por su guitarra se hacía palpable. Pelo al viento, ojos cerrados y alguna que otra sonrisa, y toda esa esencia de los 70 que se plasma también en chaquetas de flecos y cinturones de conchos. Un momento que nos estremeció y nos hizo viajar. Que nos hipnotizó y nos sedujo. Experiencia onírica donde las haya.
Y de vuelta a la realidad con un toque más macarra con “I’ve got to be Free”, con momentos para interactuar con el público. De hecho este contraste entre una canción y otra refleja muy bien lo que pudimos ver. Una velada bella. Emocional. Pasional. Hipnótica. Pero también rockera, con actitud y momentos macarras. En directo algunas de las canciones adquieren nuevos matices y toques, por ejemplo la que le siguió la enorme “Dark Lady”, que me resultó más Blues que nunca, y que nos ofrecieron con alguna que otra improvisación. Tras ella el grupo se despidió momentáneamente del público para volver con los bises. Y lo cierto es que los bises fueron lo mejor del concierto (aunque una lástima que siguieran los problemas de sonido, especialmente teniendo en cuenta que Uli traía a su propio técnico). Empezaron descargando una aclamada “Pictured Life”, y la gente congregada en la sala Bóveda se volcó por completo con uno de los mejores temazos de SCORPIONS, “Catch your Train”. Puro ritmo y energía donde la banda parecía resucitar ligeramente, o quizás fuera la emoción que sentía servidora en aquel momento. Fuera como fuere, a pesar del poco carisma del grupo, el público no dejó de volcarse. El concierto llegaba a su fin con un par de versiones (ya habituales en los repertorios del veterano guitarrista), rindiendo tributo a Hendrix con “All along the Watchtower”. Una canción que a pesar de ser original de Bob Dylan, Hendrix la superó y la llevó a la fama. Y yo no soy de versiones, pero lo que vi el pasado lunes fue la mejor versión que he escuchado jamás de este tema. Con esa elegancia que tiene Uli en su forma de tocar la guitarra pero también con ese trasfondo primitivo que lo hace inconfundible. Fue como inyectarle una enorme dosis de pasión y su propia personalidad. Finalmente cerraron su show con otro pequeño tributo a Hendrix, con “Little Wing”. Otro momento para recordar de la velada, donde por primera vez vi. en toda la noche al Uli que quería, y estaba esperando, ver durante las 2 horas que duró el concierto.

Como decía, sensaciones encontradas. Pésimo sonido por desgracia, y una banda distante (aunque creo que nada de esto fue inconveniente para que la mayoría del público disfrutara. Además, un setlist así pocas veces te los puedes encontrar). Era mi primera vez viendo a Uli en directo, e intenté centrarme en el, en su estilo y en su maestría a la hora de tocar la guitarra (que, por cierto, cambió en algún momento y tocó una de dos mástiles), que el más bien parece acariciar sutilmente las cuerdas, y en ese aspecto es imposible que decepcione. No importa su entrega ese día, o la formación que lo acompañe, es único, es bueno, y tiene esa capacidad de transportarte. Esa noche creo que descubrí la palabra que puede definir a Roth, su manera de tocar y su directo: emoción. Y eso es algo que pocos tienen y aún menos saben transmitir. Y también me di cuenta de lo importante que es.

 

Tania Giménez
Tania@queensofsteel.com

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