ENTREVISTA: OBSIDIAN CHURCH: El peso de la existencia
En un mundo obsesionado con la productividad, la gratificación inmediata y las prisas constantes, Obsidian Church reivindican el poder de la lentitud, la introspección y el misterio. Con Stonebound, su álbum debut, esta banda siciliana construye un universo oscuro y monumental de epic doom en el que la desesperación, el aislamiento, la mortalidad y la búsqueda de sentido se convierten en experiencias profundamente humanas. En esta entrevista, Antonio La Camera reflexiona sobre las cadenas invisibles que nos atan —desde las expectativas sociales y las presiones económicas hasta el miedo, las identidades heredadas y el peso del pasado— y explora cómo la música pesada puede dar forma a emociones que la sociedad actual a menudo nos anima a reprimir. Sin convertir a Obsidian Church en un vehículo para lanzar mensajes políticos explícitos, Stonebound conecta con un mundo marcado por la polarización, la desigualdad, el agotamiento y una cultura cada vez más exigente con la productividad. La conversación también aborda la tensión entre tradición y libertad artística, la importancia de mantener una escena underground abierta y solidaria, y el peligro de que la autenticidad acabe convirtiéndose en un conjunto rígido de normas. Para Obsidian Church, el doom metal es mucho más que un homenaje al pasado o un ejercicio de oscuridad: es un espacio para la reflexión, la vulnerabilidad y la resistencia, donde bajar el ritmo se convierte en una forma de recuperar nuestra vida interior y reconocer las cadenas que nos atan puede ser el primer paso hacia la libertad.
—¡Hola! Muchas gracias por dedicarnos vuestro tiempo. ¿Cómo estáis y cómo os va desde que Stonebound empezó a llegar al público? ¿Qué es lo que más os ha sorprendido de la acogida del disco hasta ahora?
OC: ¡Estamos bien, gracias por preguntar! Está siendo una etapa muy emocionante para Obsidian Church. Stonebound significa mucho para nosotres porque es el resultado de mucho trabajo, muchas ideas y una visión musical compartida que hemos ido desarrollando desde que nació la banda. Es una sensación estupenda tener por fin el disco fuera y ver cómo llega a gente más allá de nuestro círculo más cercano.
Lo que más nos ha sorprendido es que parece que la gente conecta con la atmósfera del disco, no solo con los riffs y las melodías. Queríamos que Stonebound sonara contundente y poderoso, pero que también transmitiera cierta melancolía, misterio y algo casi de otro mundo. Por eso, nos alegra ver que esa faceta de nuestra música también está llegando a quienes nos escuchan.
Que Dying Victims Productions haya apostado por el disco para publicarlo en formato físico es otro gran paso para nosotres y hace que toda esta experiencia parezca aún más real. Estamos agradecides a todes quienes se han tomado el tiempo de escucharlo, escribir sobre él o simplemente compartirlo con otras personas. Estamos empezando nuestro camino, pero la respuesta hasta ahora nos anima mucho y tenemos ganas de ver adónde nos lleva todo esto.
—Stonebound es vuestro debut como Obsidian Church, pero no da la impresión de que hayáis formado la banda simplemente para demostrar que sabéis tocar doom metal tradicional. Tiene una atmósfera, una identidad y una intención muy claras. ¿Qué queríais expresar con este proyecto que no habíais podido explorar del todo en otros contextos?
OC: Nos encanta el doom metal, por supuesto, y su peso, sus riffs y esa sensación de melancolía son fundamentales para lo que hacemos. Además, siempre hemos querido recuperar un sonido que antes era de lo más habitual.
Con Stonebound queríamos que la música pareciera tener un mundo propio detrás. Algo antiguo, desolador y casi ritual, donde la atmósfera tuviera tanta importancia como la contundencia. Queríamos que las canciones pudieran respirar, crear tensión y provocar una sensación concreta en quien las escucha, en lugar de limitarse a pasar de un riff a otro.
Creo que el nombre Obsidian Church refleja bastante bien esa idea. Tiene algo oscuro e imponente, pero también solemne y misterioso. Queríamos que esa misma sensación estuviera presente en la música, el diseño gráfico y la identidad general de la banda.
En el fondo, no se trataba tanto de hacer algo completamente distinto de lo que habíamos hecho hasta ahora, sino de darles un espacio en el que todas esas ideas pudieran convivir de forma natural.
—Vuestro sonido bebe de los riffs monumentales y las melodías épicas del doom clásico y el heavy metal, pero también buscáis desarrollar una identidad propia. ¿Cómo compagináis vuestro amor por las raíces del género con la necesidad de no quedaros atrapades en sus tradiciones? ¿Creéis que, en algún momento, rendir homenaje al pasado puede acabar frenando la música nueva?
OC: Crecimos escuchando esta música, así que es imposible separar lo que hacemos de los discos y las bandas que han marcado nuestros gustos. Los riffs monumentales, las melodías épicas, esa sensación de melancolía y grandeza… Son elementos que nos encantan de verdad, y no tenemos ningún motivo para renegar de esas raíces.
Al mismo tiempo, creemos que las influencias se vuelven interesantes cuando las asimilas y las conviertes en parte de tu propio lenguaje musical. No nos interesa sonar tradicionales por el mero hecho de serlo. Si un riff o una melodía encaja con una canción, lo utilizamos. Lo importante es que la música sea honesta y contribuya a crear la atmósfera que buscamos.
Con Stonebound no pretendíamos reinventar el doom metal. Queríamos coger los elementos de esta música que más nos emocionan y utilizarlos para crear algo personal. Al final, la tradición debería servirte de guía. ¡El pasado está ahí para inspirarte!
—Las canciones de Stonebound se desarrollan sin prisas y dejan que los riffs y las melodías vayan creando tensión, en lugar de buscar un clímax inmediato. ¿Cómo decidís cuándo una canción necesita respirar y cuándo tiene que golpear con más fuerza? ¿Componer doom implica relacionarse de otra manera con el tiempo, tanto al tocar como al escuchar?
OC: Creo que mucho depende del instinto y de entender qué intenta transmitir una canción. A veces, un riff tiene tanto peso y personalidad que no hace falta añadirle más cosas. Dejar que se repita, introduciendo pequeños cambios o variando la forma de tocarlo, puede hacer que gane cada vez más fuerza. Otras veces llega un momento en el que la música necesita cambiar de marcha, ya sea con un pasaje más pesado, un cambio de ritmo o una melodía que lo abra todo. Lo importante es que esos cambios resulten naturales, no forzados.
En el doom metal, la repetición puede ser una herramienta muy poderosa. Un riff no tiene por qué estar ahí únicamente para hacer avanzar la canción; también puede crear un estado de ánimo y sumergirte cada vez más en él. Si le das tiempo suficiente, puede llegar a tener algo casi hipnótico. Pero eso solo funciona si la música tiene algo significativo detrás. Tocar despacio por el simple hecho de tocar despacio no crea automáticamente atmósfera ni pesadez.
También creo que el epic doom exige relacionarse de otra manera con el tiempo, tanto al componer como al escuchar. Como músicxs, tenemos que resistir la tentación de llenar todos los espacios o avanzar constantemente hacia la siguiente parte. A veces, el espacio entre las notas es tan importante como las propias notas. Y, como oyente, tienes que dejar que la música se desarrolle a su propio ritmo, en lugar de esperar una recompensa inmediata.
Nos interesa crear tensión y dejar que vaya creciendo, porque cuando la música llega por fin a un momento más pesado o melódico, el impacto puede ser mucho mayor. Necesitas ese contraste para que la liberación funcione. Al final, se trata de encontrar el equilibrio entre la paciencia y la intensidad. La música nunca debería parecer que tiene prisa, pero sí debería dar la sensación de que va hacia algún sitio, incluso cuando parece casi inmóvil.
—El disco recorre temas como la desesperación, el aislamiento, la mortalidad y la búsqueda de sentido, pero también hay momentos en los que la oscuridad parece revelar una belleza particular. ¿Por qué os atraen tanto estos temas? ¿Los abordáis desde experiencias personales, preguntas filosóficas o como una forma de intentar entender un mundo que muchas veces parece no tener sentido?
OC: Creo que estos temas nos atraen porque forman parte de la experiencia humana, queramos enfrentarnos a ellos o no. Todo el mundo se encuentra con la desesperación, el aislamiento y la mortalidad de una forma u otra. No siempre hay respuestas claras a estas preguntas, y creo que precisamente eso es lo que las hace interesantes.
En nuestro caso, probablemente sea una mezcla de sentimientos personales, experiencias y cuestiones filosóficas. Es inevitable recurrir a lo que has vivido, incluso cuando no estás escribiendo sobre algo explícitamente autobiográfico. Algunas emociones, pensamientos o momentos de la vida se cuelan en la música casi sin que te des cuenta. Al mismo tiempo, nos fascina la dimensión más universal de estos temas: esas cuestiones que llevan siglos preocupando a la gente, independientemente de la época o el lugar en el que haya vivido.
También creo que hay una belleza particular en la oscuridad. No porque haya que glorificar el sufrimiento, sino porque enfrentarse a cosas difíciles puede revelar aspectos de la vida que, de otro modo, pasaríamos por alto. La melancolía puede hacer que seas más consciente de la belleza, del mismo modo que saber que vamos a morir puede hacer que la existencia nos parezca más valiosa. Hay una contradicción extraña en todo eso, y creo que el doom metal es un buen medio para explorarla. Su pesadez y su atmósfera pueden expresar sentimientos difíciles de poner en palabras.
Con Stonebound no queríamos presentar una filosofía concreta ni decirle a nadie qué tiene que pensar o sentir. A veces basta con dar forma a algo que llevabas dentro sin llegar a entenderlo del todo, o recordarte que no eres la única persona que se ha hecho esas preguntas.
—El título Stonebound evoca la idea de estar atade a algo antiguo, pesado y difícil de dejar atrás. ¿Qué cosas creéis que nos atan hoy en día? ¿El pasado, las expectativas sociales, el trabajo, el dinero, el miedo, las identidades que heredamos? ¿Hay algo liberador en reconocer esas cadenas, aunque no podamos romperlas de inmediato?
OC: Creo que todas esas cosas pueden atarnos de distintas maneras. Algunas cadenas nos las impone el mundo en el que vivimos; otras las vamos construyendo a nuestro alrededor poco a poco, muchas veces sin darnos cuenta. Las expectativas de les demás, la necesidad de ganarnos la vida, el miedo al fracaso, el peso del pasado o la idea de que tenemos que convertirnos en cierto tipo de persona para que nos acepten… Llega un momento en el que resulta difícil distinguir entre lo que realmente queremos y lo que hemos aprendido a creer que queremos.
La piedra representa algo antiguo, permanente y casi imposible de mover. Puede simbolizar el peso de todo lo que llevamos encima, pero también los cimientos sobre los que construimos nuestra vida. Lo mismo que nos da estabilidad puede acabar convirtiéndose en una prisión. Me gusta esa ambigüedad porque no creo que las cosas tengan siempre un significado sencillo.
Y sí, creo que hay algo liberador en reconocer esas cadenas, aunque no podamos romperlas de inmediato. Ser consciente de ellas no cambia mágicamente tus circunstancias, y algunas limitaciones son muy reales. Pero reconocerlas es el primer paso para entenderlas, en lugar de aceptarlas sin más como algo inevitable.
En cierto modo, creo que esa tensión recorre todo el disco. Todes llevamos algo encima y no siempre sabemos si hemos elegido cargar con ello o si, sencillamente, hemos olvidado cómo dejarlo en el suelo.
—El esoterismo, los rituales y la idea de que existen capas ocultas de la realidad contribuyen a crear la atmósfera del disco. En un mundo en el que parece que todo tiene que explicarse al instante, consumirse y convertirse en contenido, ¿qué os atrae del misterio y de lo desconocido? ¿Sigue teniendo sentido dejar preguntas sin respuesta en lugar de intentar transmitir un mensaje claro?
OC: No todo necesita explicarse al instante ni reducirse a algo fácil de digerir. Estamos constantemente rodeades de información que compite por nuestra atención, e incluso las cosas que deberían invitarnos a reflexionar se consumen y se olvidan en cuestión de minutos. Hay algo valioso en las experiencias que requieren paciencia e imaginación.
Lo que nos atrae del esoterismo y los rituales es la idea de que las cosas cotidianas pueden tener significados más profundos. Los rituales dan importancia a determinados gestos y acciones, mientras que las tradiciones esotéricas nos invitan a mirar más allá de la superficie de la realidad. No hace falta adherirse a un sistema de creencias concreto para encontrar todo eso fascinante.
Creo que esto conecta de forma natural con el doom metal. La música puede crear una atmósfera que transmite cosas que las palabras no consiguen captar del todo. Un riff, una melodía o un pasaje concreto pueden evocar una sensación sin definir exactamente lo que significa. Y parte de la fuerza de la música está precisamente ahí.
—El doom metal suele hablar del sufrimiento, la muerte y el derrumbe de la esperanza, pero estos temas pueden acabar resultando abstractos o teatrales. ¿Cómo conectáis esa oscuridad monumental con los miedos y las presiones cotidianas? ¿La música pesada nos ayuda a enfrentarnos a realidades incómodas o también nos ofrece una vía de escape necesaria?
OC: Creo que la escala del doom metal puede facilitar la expresión de sentimientos muy personales. El sufrimiento, el miedo y la mortalidad pueden parecer abstractos cuando se presentan a través de imágenes monumentales, pero son cosas con las que todes nos encontramos en la vida cotidiana. La presión de seguir adelante cuando estás agotade, el miedo a perder a alguien o la sensación de que las circunstancias escapan a tu control pueden resultar tan abrumadores como cualquier cosa que se describa en una canción.
También creo que la música pesada puede cumplir ambas funciones: ayudarnos a afrontar la realidad y permitirnos escapar de ella. A veces necesitas algo que te ayude a enfrentarte a sentimientos difíciles; otras, simplemente necesitas desconectar de la vida cotidiana y sumergirte durante un rato en otro mundo. No veo ninguna contradicción entre ambas cosas. Evadirse puede ser valioso, sobre todo cuando te permite volver a la realidad con otra perspectiva.
Creo que la mejor música pesada hace algo más que expresar sentimientos. Crea un espacio en el que puedes experimentar esas emociones sin tener que esconderte de ellas. Con Stonebound queríamos explorar ese lado más oscuro de la existencia sin ofrecer necesariamente soluciones ni falsas palabras de consuelo.
—Vivimos en una época marcada por la polarización política, las guerras, el aumento de la desigualdad y una cultura que nos exige estar constantemente produciendo mientras nos deja agotades y en soledad. ¿Todo esto influye en vuestra forma de entender la música, incluso cuando las letras no son explícitamente políticas? ¿Puede un disco ser una forma de resistencia simplemente por dejar espacio para la lentitud, la reflexión y emociones que la vida cotidiana nos anima a reprimir?
OC: Nunca hemos sentido la necesidad de convertir Obsidian Church en un vehículo para lanzar mensajes políticos directos. Creo que los temas que exploramos en Stonebound —el aislamiento, la mortalidad y el peso de la existencia— pueden conectar con quienes se sienten desbordades por el mundo que les rodea, independientemente de su procedencia o sus creencias. Nos animan constantemente a ser productives, eficientes y estar siempre disponibles, como si hasta nuestro tiempo libre tuviera que servir para algo.
No diría que hacer un disco lento y pesado vaya a cambiar el mundo por sí solo. Pero la música no tiene por qué ofrecer un programa político para tener sentido. Crear un espacio para la reflexión, la vulnerabilidad y las emociones que a menudo se espera que reprimamos ya es valioso en sí mismo. Si Stonebound le permite a alguien escapar por un momento de esa presión constante y reconectar con sus propios pensamientos, creo que ya habrá conseguido algo importante.
—Venís de Sicilia, un lugar con su propia historia, sus paisajes, sus contradicciones y su identidad cultural. ¿Vivir y crear música allí influye en Obsidian Church de formas que quizá no resulten evidentes para quienes os escuchan desde fuera de Italia? ¿Y hasta qué punto es importante que una banda underground desarrolle su propia identidad y comunidad, en lugar de sentir que tiene que marcharse a otro sitio para que se la tome en serio?
OC: Sinceramente, no creo que Sicilia influya directamente en la música que hacemos con Obsidian Church. No intentamos representar un lugar concreto ni incorporar elementos culturales locales a nuestro sonido. Nuestras influencias proceden principalmente de la música que escuchamos, las ideas que nos interesan y la atmósfera que queremos crear. Creo que todo eso importa mucho más para nuestra identidad como banda que nuestro lugar de origen. (Además, tengo ascendencia búlgara por parte de uno de mis progenitores).
En cuanto al underground, creo que desarrollar una identidad propia y establecer vínculos con gente afín es fundamental, vivas donde vivas. Estar lejos de los principales centros de la escena metalera puede complicar algunas cosas, sobre todo a la hora de tocar en directo y conocer a otras bandas, pero internet y la escena underground internacional permiten llegar a gente de muchos lugares.
Lo importante es la música, el compromiso que hay detrás y las relaciones que construyes con quienes conectan de verdad con lo que haces. Con Stonebound estamos agradecides a todes quienes han ayudado a que el disco llegue a más gente, y esperamos seguir creciendo a partir de aquí.
—Sois una banda nueva dentro de un género con una larga historia. Os adentráis en una escena underground que puede ser muy apasionada, pero también bastante aferrada a sus propias reglas. ¿Qué hace que una escena sea realmente acogedora y esté viva? ¿Cómo podemos conservar el conocimiento y la dedicación de las generaciones anteriores sin convertir la tradición en un examen que toda banda nueva tenga que aprobar?
OC: Creo que el underground debería girar, ante todo, en torno a la música. La gente se adentra en este mundo porque le encanta la música pesada, y esa pasión debería ser lo que nos une. No tendría que convertirse en una competición por ver quién conoce las bandas más desconocidas o quién sigue las reglas con más fidelidad.
Respeto mucho a quienes han mantenido viva esta música a lo largo de los años. Sin elles, muchas grandes bandas habrían caído en el olvido. Cada banda debería tener libertad para desarrollar su propia identidad, en lugar de preocuparse por si les demás la consideran lo bastante auténtica.
La tradición es importante y debería servir de inspiración.
Creo que una escena sana es aquella en la que la gente se apoya, intercambia ideas y descubre nuevas bandas. No tienes por qué disfrutar de todo, ni nadie debería exigírtelo. Pero hay una diferencia entre tener opiniones firmes sobre la música e intentar imponer lo que otras personas pueden o no pueden crear.
Con Obsidian Church hacemos la música que queremos escuchar, la música que nos gusta. ¡Y esa es, en realidad, la única forma honesta de hacerlo! No estamos aquí para cumplir las expectativas de nadie sobre cómo debería sonar el doom metal o el epic doom.
—Gracias de nuevo por vuestro tiempo y por compartir Stonebound con nosotres. ¿Qué os gustaría que se llevase la gente después de escuchar las últimas notas del disco? Y, para terminar, ¿queréis dejar algún mensaje a quienes nos leen?
OC: Creo que lo más importante es que cada persona encuentre algo propio en el disco. Todes tenemos experiencias, dificultades y formas distintas de ver el mundo. Si Stonebound hace que alguien se pare a pensar o le ayuda a conectar con sentimientos que no ha sabido expresar por su cuenta, habremos conseguido algo significativo.
Para mí, la música debería ser algo más que entretenimiento. Debería darte algo en lo que pensar, algo a lo que puedas volver y en lo que descubras cosas nuevas con el tiempo. No intentamos decirle a nadie qué debe creer ni ofrecer respuestas a preguntas que quizá no tengan una solución sencilla. Simplemente queremos crear música que nos encante de verdad y en la que creamos.
A quienes nos leen les diría que exploren música más allá de lo que ya conocen y que no tengan miedo de pensar por su cuenta. Hay muchísima música estupenda por descubrir, y nadie debería dejar que las opiniones de otras personas dicten lo que escucha o lo que crea.
Queremos dar las gracias a todes quienes se han tomado el tiempo de escuchar Stonebound, apoyar a Obsidian Church y darle una oportunidad al disco. Estamos orgulloses de lo que hemos creado y vamos a seguir nuestras propias ideas para ver adónde nos llevan. Mantened la curiosidad, sed fieles a vosotres mismes y mantened vivo el underground. ¡Gracias por escucharnos!
Antonio La Camera

