CRÍTICA: WOLFBRIGADE – Howl from Underground

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Wolfbrigade no necesitan demasiadas presentaciones a estas alturas. Llevan desde los noventa demostrando que el crust sueco puede seguir sonando como una auténtica apisonadora sin necesidad de reinventar la rueda cada dos años. Howl From Underground vuelve a ese terreno conocido de D-beat, crust y death metal, pero lo hace con suficiente mala leche y algunas variaciones como para que la fórmula siga funcionando. Son doce canciones y poco más de media hora, así que aquí no hay espacio para florituras innecesarias: se entra, se golpea y se sale.

“Caveman Motherfuck” abre el disco a toda velocidad y deja claro desde el principio que Wolfbrigade siguen teniendo muy presente esa tradición que une a Discharge, Anti-Cimex, Motörhead y el death metal sueco. El sonido es grueso y agresivo, pero las guitarras conservan ese punto melódico tan característico del crust escandinavo. “Doomrunner” mantiene la velocidad y “Howl From Underground”, la canción que da título al álbum, juega más con esas melodías oscuras que aparecen constantemente entre los D-beats. No es que Wolfbrigade estén descubriendo territorios nuevos, pero tampoco parece que les interese demasiado hacerlo.

Una de las virtudes del disco está precisamente ahí: conocen perfectamente sus armas y saben utilizarlas. “Born To Rot” tiene ese aire Motörhead que convierte cualquier riff en una invitación a mover la cabeza, mientras que “When Dogs Cry” introduce una melodía especialmente lograda sin perder la sensación de urgencia. “Cold War Bootlicker” es otro de los golpes más directos del álbum y, por título y actitud, deja bastante claro que Wolfbrigade siguen mirando alrededor y no únicamente hacia dentro de su propia escena.

Y ese detalle importa. Wolfbrigade llevan décadas asociados a un crust de fuerte contenido político, y en Howl From Underground aparecen títulos como “Cold War Bootlicker”, “Headhunting”, “Seeking Scapegoats” o “Man Is Wolf To Man” que apuntan hacia una mirada bastante poco complaciente sobre poder, violencia y las dinámicas de exclusión. No hace falta que cada canción venga acompañada de un manifiesto para entender de dónde viene la banda: su música sigue perteneciendo a una tradición punk en la que hablar de la mierda que hay alrededor forma parte del propio sonido.

También resulta significativo que el grupo decidiera cambiar su manera habitual de trabajar para este disco y contar con producción externa después de años encargándose internamente de sus grabaciones. La intención era capturar a Wolfbrigade como una unidad, aprovechando la tensión y la interacción de tocar juntos en lugar de construir las canciones capa por capa. Y se nota en un disco que suena compacto, físico y bastante más interesado en transmitir una sensación colectiva que en presumir de producción.

En la segunda mitad aparecen “Cosmic Meatgrinder”, “Seeking Scapegoats” y “Man Is Wolf To Man”, donde el grupo deja entrar con algo más de claridad las influencias de hardcore, thrash y black metal. “Man Is Wolf To Man” destaca especialmente por esa mezcla entre velocidad, oscuridad y melodía que Wolfbrigade llevan perfeccionando desde hace años. El cierre con “Tangled Steel Mask” deja la sensación de haber recibido una buena paliza y, al mismo tiempo, de querer volver a darle al play.

Quizá esa sea la mejor manera de resumir Howl From Underground: no pretende demostrar que Wolfbrigade son una banda diferente, sino recordar por qué su fórmula lleva funcionando durante tanto tiempo. Frente a cierta tendencia del metal extremo a complicarlo todo hasta perder la pegada, aquí siguen mandando las canciones cortas, los riffs reconocibles, la batería a toda hostia y una actitud que entiende el punk como algo más que una estética.

No es un disco pensado para escuchar de fondo mientras haces otras cosas. Howl From Underground pide volumen, movimiento y, a ser posible, un espacio donde poder dejarse llevar por el D-beat. Wolfbrigade siguen siendo lobos viejos, sí, pero todavía tienen dientes.

Metal Blade (2026)

Puntuación: 8/10

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