CRÍTICA: DEVIL MASTER – Bloody Dreams
Hay discos que parecen venir con una etiqueta pegada en la frente. Bloody Dreams, el tercer larga duración de Devil Master, podría llevar perfectamente una que dijera «black metal, punk, vampiros, ocultismo buzarro y gente con pinta de haber dormido en un cementerio». Y sí, todo eso está aquí, pero quedarse únicamente con la estética sería perderse buena parte de la gracia. Devil Master llevan años haciendo algo bastante más interesante: coger black metal, hardcore punk, death rock, heavy metal clásico, una pincelada de psicodelia y una buena dosis de actitud de garito mugriento y meterlo todo en la misma batidora. En Bloody Dreams la fórmula sigue siendo reconocible, pero la banda se permite jugar bastante más con ella, añadiendo más detalles a su Black Metal Punk de base.
El disco apenas ronda la media hora y entra directamente al trapo con “You Worms’ Vain Delusions”, un tema que resume bastante bien la personalidad del grupo: guitarras afiladas, batería desbocada, voces rasgadas y ese punto punk que hace que Devil Master no suenen como una banda de black metal tradicional ni aunque se lo propongan. Hay velocidad, suciedad y melodías que se quedan en la cabeza aunque estén enterradas debajo de toneladas de distorsión. “Trembling at Dusk” amplía un poco el paisaje y empieza a mostrar que aquí hay más cosas de las que parece a primera escucha, alternando momentos más atmosféricos con acelerones y riffs bastante más pesados.
“Sex with Succubus” vuelve a pisar el acelerador y es uno de los cortes más inmediatos del disco. Hay ecos de heavy metal clásico y de la NWOBHM, pero pasados por un filtro mucho más punk y mugriento. Es una de esas canciones en las que se entiende perfectamente qué hace especial a Devil Master: tienen riffs que podrían funcionar perfectamente en una banda de heavy metal de toda la vida, pero luego los meten dentro de una canción que parece a punto de descarrilar en cualquier momento. “Death Anthem” sigue por ese camino y tiene ese curioso equilibrio entre agresividad y diversión que muchas bandas de black metal parecen haber olvidado. Devil Master pueden sonar oscurxs, blasfemxs y completamente desquiciadxs, pero también parece que se lo están pasando de puta madre.
La canción que da título al álbum empieza a cambiar las reglas. “Bloody Dreams” es más atmosférica, deja respirar un poco más a las guitarras y tiene una construcción bastante menos inmediata. Hay voces limpias, partes narradas y una sensación de estar entrando en una película de terror psicodélica en lugar de en otro asalto de punk-metal acelerado. Es uno de los momentos en los que más se nota que Darkest Prince, principal responsable de buena parte de la composición, no tenía demasiado interés en limitarse a repetir la fórmula de los discos anteriores.
Y entonces llega “Farewell Waltz to Unfortune’s Palace”, que con sus casi once minutos parece directamente una provocación. En un álbum que apenas llega a los treinta minutos, colar una canción que ocupa más de un tercio del disco es una manera bastante clara de decir que aquí las reglas han cambiado. Empieza con guitarras acústicas y limpias y va creciendo poco a poco hasta convertirse en un viaje bastante psicodélico y extraño, con cambios de ritmo y diferentes ambientes. La participación de Mirai Kawashima, de Sigh, con la flauta encaja especialmente bien porque Sigh también llevan décadas entendiendo el metal como un territorio en el que se puede meter prácticamente cualquier cosa. Lo curioso es que este tema no parece un experimento metido con calzador para cerrar el álbum: después de escuchar el resto, resulta bastante lógico que Devil Master acaben perdiendo completamente el norte. Especial mención a las teclas extrañamente siniestras hacia el final del corte.
Esa evolución es probablemente lo más interesante de Bloody Dreams. Después de Satan Spits on Children of Light y Ecstasies of Never Ending Night, Devil Master ya tenían una personalidad perfectamente reconocible. Black metal primitivo, hardcore, punk, death rock, heavy metal y una estética de película de terror de serie B. En el disco anterior habían profundizado especialmente en el lado más oscuro y atmosférico, mientras que aquí recuperan parte de la inmediatez punk y empiezan a meter más psicodelia, más melodía y más elementos folk. No es una reinvención radical, sino una forma de estirar su propio sonido para ver hasta dónde aguanta.
Por eso las comparaciones con Venom, Bathory, Christian Death, G.I.S.M. o Midnight tienen cierto sentido, aunque ninguna termina de explicar completamente lo que hacen. También hay algo del heavy metal más clásico en los riffs, del death rock en determinadas atmósferas y de Sigh en esa voluntad de hacer que una canción pueda convertirse en cualquier cosa antes de terminar. Pero Devil Master ya han conseguido que todas esas referencias suenen como parte de un idioma propio y no como una colección de influencias pegadas unas encima de otras.
Las letras también tienen bastante más detrás de lo que podría parecer viendo la estética de la banda. A primera vista todo parece una mezcla de vampiros, demonios, sexo, muerte y ocultismo, pero hay una dimensión literaria bastante marcada. La fascinación por Baudelaire, el Conde de Lautréamont y toda esa tradición decadente en la que belleza, muerte, deseo y corrupción van de la mano ayuda a entender mejor el universo del disco. No es simplemente jugar a ser malotxs con cruces invertidas; hay una obsesión bastante clara por lo nocturno, lo sobrenatural y esa idea romántica de encontrar belleza precisamente en aquello que normalmente provoca rechazo.
En conjunto, Bloody Dreams no es Devil Master reinventándose de arriba abajo, ni falta que les hace. Es una evolución bastante natural de una banda que ya encontró su fórmula y ahora está empezando a deformarla. Siguen ahí el punk mugriento, las voces desquiciadas, los riffs de heavy metal y esa atmósfera de película de vampiros rodada con cuatro duros, pero ahora hay más espacio para la psicodelia, el folk, las melodías y las estructuras menos previsibles.
“You Worms’ Vain Delusions” y “Sex with Succubus” son el mordisco más directo, “Death Anthem” demuestra que la oscuridad también puede ser divertida, “Bloody Dreams” abre una puerta distinta y “Farewell Waltz to Unfortune’s Palace” directamente se mete por ella y apaga la luz. Puede que no sea el disco más inmediato de Devil Master, pero sí uno de los más interesantes para comprobar hasta dónde pueden llevar esa mezcla sin cargársela. Y si el resultado de dejarles hacer lo que les dé la gana es acabar con una canción de casi once minutos en la que aparecen black metal, punk, folk, psicodelia y una flauta de Mirai Kawashima, tampoco parece mala idea dejarles seguir perdiendo el norte.
Relapse Records (2026)
Puntuación: 8,5/10
