Wave Gotik Treffen 2010 (día 4)

El último día del WGT es para ir de rebajas, simple y llanamente. Si no os gusta ir de compras, mejor no os acerquéis al mercadillo del Agra, porque está lleno de gente aficionada a lucir modelazos en busca de la ganga de última hora. La gente va loca buscando las gangas de última hora y muchos de los vendedores están ansiosos por volverse a casa con el menor género posible, así que se busca y se rebusca, por ejemplo, en los cajones de prendas a 5 euros que anuncia Cyberdog o rebajas de última hora de Queen of Darkness. Durante todo el festival hay chollos, pero este es el día del chollazo final.

El sábado suele ser un día largo, porque entre este día y el domingo suele haber las mejores actuaciones del festival. En este caso, pasé toda la tarde metida en uno de los escenarios más grandes, el del Agra, para presenciar varios directos después de dar una vuelta por el mercado para hacer algunas compras y de comer un steak (filete de carne adobada que está de muerte y que te enchufan en un panecillo por el módico precio de 3,5 euros), metí los trastos en unas taquillas que hay fuera del recinto que por 1 o 2 euros dependiendo del tamaño de la taquilla, te guardan las cosas hasta que se terminan los conciertos, y me metí en la sala.

Es el día de más relax, donde los conciertos son menos importantes y la sensación de que lo bueno se acaba demasiado pronto te invade de repente. Si por una misma fuera, alargaría el festival hasta el infinito y más allá, pero lo que no puede ser, además es imposible, así que nada, te quedas con esa sensación y ale, a seguir con el día que aún quedan cosillas.

Y el último día tampoco es que hubiera demasiada cosa que me llamase la atención, pero hacia el final de la tarde, después de hacer la maleta y descansar un rato, me acerqué al Kohlrabizirkus para ver en directo a una banda que hacía años que se me resistía: In Strict Confidence. Había intentado verles en tres ocasiones a esta banda alemana (debo decir que es una de mis favoritas) y esta, por fin, iba a ser la definitiva. Y no me defraudaron en absoluto. La voz profunda de Dennis Ostermann me encanta, y combinada con la voz femenina y más aguda que he escuchado en mucho tiempo de Nina de Liain (ataviada con un vestido rojo que quitaba el hipo, definiendo sus curvas y la belleza de su cuerpo) me ponen la piel de gallina. Venían a presentar su último trabajo, La Parade Monstrueuse, título en francés para un disco que habla de fábulas, cuentos y mitos como el espejo de La Blancanieves (Snow White)o el hombre lobo (Silver Bullets). Un concierto genial, en un escenario precioso, donde la guitarrista ejercía de “chica para todo” y lo mismo te tocaba unas notas que te hacía malabares con fuego. Muy bonito, realmente.

Y después me quedé a ver a The Klinik. No sabía nada de ellos (y sigo sin saber demasiado) y ojalá no me hubiera quedado… me dejaron el peor sabor de boca que te puede quedar para cerrar un festival, me tenía que haber quedado con la impresión de ISC, porque esta gente realmente son terriblemente horrendos, al menos para mi gusto. Será que el industrial burro no va conmigo y tengo demasiados amigos que lo disfrutan. El caso es que aguanté menos allí que un caramelo a la puerta de un colegio, y después de charlar con unos amigos que encontré allí, me fui al hostal tranquilamente a descansar un rato y, como no, salir de fiesta.

La última noche del Treffen todo el mundo se junta en el Moritz Bastei, la sesión suele estar bastante bien y los músicos que quedan por allí se quedan de fiesta. Coincidimos con varios de los componentes de Patenbrigade: Wolff, con Daniel Graves de Aesthetic Perfection (que gran señor… que risas nos echamos con sus fotos comprometedoras) y con uno de los componentes de Steinkind por segundo año consecutivo, que nos presentó a su encantadora novia. La música era horrenda, así que decidimos irnos all Dark Flower y de camino cambiamos la rueda del coche de quienes después resultaron ser Stereomotion, un grupo alemán que había tocado aquella tarde en el festival también… Así que podemos decir que en el WGT puede pasar cualquier cosa.

Al día siguiente, después de hacer unas últimas compras en el centro comercial de la estación de tren, volvimos a casa, con la sensación de haber pasado un gran festival, que el año que viene cumple su 20 aniversario y promete. Todos los años corre un rumor de que va a ser el último, y más este año, ya que una empresa ha comprado varios de los recintos… pero esperamos que no muera, porque un festival como este no existe en ningún otro lugar, no hay otro ambiente como este, otra ciudad en la que hasta los escaparates de las tiendas se visten de negro y lo gótico y oscuro se considera normal.

Este espíritu no debería morir nunca. Larga vida al Wave Gotik Treffen.

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