TRIPTYKON WITH THE METROPOLE ORKEST – Requiem (Live At Roadburn 2019)

Después de treinta años de espera, por fin Tom Warrior (esta vez con TRIPTYKON) ha conseguido formar y ensamblar el Réquiem que tenía previsto hacer en tres partes. La historia viene de la etapa «Into the Pandemonium», donde el grupo saca un disco adelantado, atrevido y de vanguardia, en la que conocemos la parte parte del Réquiem, que eral el tema «Rex Irae». En su momento, y debido al riesgo que supuso dicho álbum, se quedó ahí la cosa, en la mente de Warrior. Y hoy, por fin, aquí tenemos las tres partes del Requiem, que está formada por el «Rex Irae» (como apertura) que decíamos antes, del «Into the Pandemonium». El final, que era «Winter», del disco reunión «Monotheist». Y faltaba la parte central, o transición, como se llama en el disco, y qu es la novedad, y se titula «Grave Eternal». Todo ésto con el acompañamiento de la Metropole Orkest. Una orquesta de los Países Bajos especializada en Jazz y Pop sobre todo, pero que aquí consigue meterse de lleno en el universo Warrior.

Y bueno, ya metidos en esencia en el Requiem, empieza por «Rex Irae (Chapter One: Overture)». La pieza que ya estaba en aquel «Into the Pandemonium» de 1987. Solo el inicio ya te transporta a esa etapa. A los inicios del Requiem. Pero han pasado treinta años. No suena tan underground como entonces. Ya no está Michelle Villanueva Warrior como acompañante femenina, pero está Safa Heraghi, que cumple con su cometido a la perfección. Esta vez el tema tiene más potencia. Los riffs son más secos, con un groove más denso. Más Doom. La oratoria de Warrior es sublime. Lenta y alargada. Pero siempre por detrás con la voz melancólica y lírica de Safa acabándole las frases. Acompañádolo a dúo. Dando un contraste entre voces que te atrapan mientras la orquesta sigue a paso firme y marcial la orginalidad de la canción, añadiendo notas sueltas que le brindan esa atmósfera que le otorga ese aire misterioso y sinfónico. La segunda parte, o «transition» es «Grave Eternal». Esta suite macabre dura solo treintaidós minutos y en su primera parte es un viaje a otro mundo: sonidos tétricos que se dimensionan a paso fúnebre, con efectos sinfónicos orquestales que le dan ese ambiente melancólico, contrastados con otros efectos más cósmicos, con un aire instrumental y vocal que recuerda a grupos de Rock sinfónico como YES o PINK FLOYD. Ya en la segunda parte de la canción nos encontramos en una suite oscura, parecida a aquellos cortes como el «Danse Macabre». Soonidos, ruiditos, percusión orquestal que va y viene, sonido de campanillas… Todo dentro de un silencio funebre en el que van apareciendo riffs más potentes que le van aportando esas subidas y emoción. En el plano vocal nos encontramos una sencuencia entre Warrior y Safa donde la oratoria de ambos te sumerge en un ambiente de duelo y sacrificio al estilo de aquellas formaciones oscuras de los 70, como BLACK WIDOW. Mientras golpes de tambor marchan a paso de Semana Santa. Todo siempre con sonidos extraños. A destiempo. Casi sin formas. Pero visualmente surrealistas. Ya a mitad de la pista predominan unos golpes de bajo intensos que te golpean en el pecho para parar en seco y seguir viajando por un camino lleno de elegancia y sinfonía, con unos sonidos que van menguando hasta convertirse en aire. Lo que nos lleva a la última parte de la canción. De nuevo; el bajo. Esta vez desgarrando. Haciendo daño. Envolviéndose en sí mismo. Mientras golpes tétricos de tambor marcan el tiempo y el espacio, de nuevo con sonidos que menguan y otros que aparecen para pasar a una secuencia, esta vez, de riffs sabbáthicos. Con más groove, pero con esa esencia oscura de toda la vida. Como siempre, con el contraste hipnótico y sinfónico de unos pasajes alucinantes de malencolía, lamento, oscuridad y vida. Y unos coros celestiales y una lírica oscura por parte de Safa que consigue que ya no solo te eleves, sino que flotes por un universo sonoro. Y acabamos con la tercera parte del Requiem, que es el tema «Winter», perteneciente al «Monotheist» y que es la última parte del concierto. Y bueno, aquí nos encontramos un final de camino lleno de fantasía, terror, sinfonismo y belleza. La voz de Safa aquí es de otro cielo. Un lamento angelical con aire luctuoso. Es poesía macabra y bella. Unas formas rítmicas de envoltura sinfónica clasicista llenas de miedo, esperanza (de vivir o de morir). Un final digno de un Requiem y de una obra que, por fin, un genio como Tom Warrior ha podido realizar con éxito.

En definitiva, un trabajo exquisito hecho con sabiduría. Con magia. Con una visualización musical y orquestal arrolladora. El viaje que estábamos esperando. Más vale tarde que nunca. GRACIAS.

Century Media (2020)
Puntuación: 10/10


Paco Gómez
paco@queensofsteel.com

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