15 años de Queens of Steel: Haizea

Ya hemos publicado dos de estas, así que ya sabéis; que cumplimos quince años, que nos subimos al carro de hacer cosas especiales pero que en realidad queremos que sea una forma de atraer más lectores, y que estamos haciendo estas preguntas a peña del Metal como primera idea que se nos ha ocurrido y ya luego pensaremos más cosas. Sin prisa. Y hoy charlamos con Haizea, porque forma parte del fanzine/colectivo hermano Sycamore y, bueno, para qué engañarnos, porque es amiga y porque mola y escribe bien y os va a explotar la puta cabeza con lo que ha hecho con estas siete preguntas trilladas.

 

 

 

– Queens of Steel llevamos quince años dando por saco, que se dice pronto. En estos años han salido muchos discos. ¿Qué discos recuerdas especialmente o son tus favoritos de estos últimos quince años? Esos que ya casi has rallado.

Todo lo de Biznaga, que es un grupo de punk con las mejores letras del mundo. Así te lo digo, sin despeinarme. El Alienated, de The Vicious, también de punk. Trilladísimo. A principios de la década oía mucho death metal. Primero fueron Death Breath y Repugnant, y luego toda una serie de bandas, la mayoría suecas o alemanas, que fueron surgiendo. No sé, tía. Ahora también escucho death, ojo, pero ya no estoy nada puesta. Las demos de Nihilist o el Mental Funeral muy de vez en cuando, y a volar. Para qué más. Mención también a los Wizards, que son una apisonadora en directo desde el día uno.
Me he limitado a cosas que se han publicado en esa horquilla de quince años que propones, si entrara también lo que he rallado en ese tiempo en general, nos pondríamos ya en varios discos de Dead Moon, Horses de Patti Smith o una Peel Session de 1979 de Gang of Four.

 
– Incluso han salido nuevas bandas. ¿Cuáles son tus preferidas?
¡In Solitude!

 
– ¿Y la separación que más lamentas?
Las muertes y separaciones no me suelen conmover mucho. Entiendo que cada cual hace con sus proyectos lo que le sale del coño y que, además, éstos tienden a devorarse a sí mismos. Casi me choca más ver que hay grupos que duran dos, tres, cuatro décadas. Lograr eso sin convertirse en una especie de imitación paródica de sí mismos me parece loable, pero no sé, echa cuentas. Los carteles de los grandes festivales son un tributo irreflexivo al pasado y el público del rock’n’roll es un público necrófago. Por otro lado, ¿cree el fan del heavy metal en las separaciones? ¿Tiene sentido lamentar el desmantelamiento de tu grupo favorito cuando, pasado el tiempo oportuno, alguien lo pondrá a encabezar un Keep It True?
Tuve una época (¡larga!) en la que escuchaba el High Visibility de los Hellacopters todos los días. Cuando murió Robert Dahlqvist pensé que, en cierto sentido, un desconocido puede ser más cercano que peña del entorno propio. Esto me parece bello.

 
– Todos aquí vamos a conciertos, festivales… En quince años hemos recorrido muchos kilómetros, a veces solo nos ha hecho falta coger el metro. ¿Qué concierto o festival recuerdas con especial cariño?
Hell’s Pleasure. Era un festival que hacían en Alemania, ya no existe. Fuimos cuatro o cinco años seguidos porque era el mejor ambiente, la mejor fiesta. Lo recuerdo con mucho cariño y creo que mis colegas también. ¿Conciertos concretos? Un año, allí, tocaron Sadistic Intent y me volaron los sesos. The Soft Moon en la Apolo, al poco de haberme mudado a Barcelona. En 2012 (me estoy inventando la fecha), en Bilbao, entré en trance viendo a Swans. Os lo juro.

 
– Son bastantes años si lo piensas. ¿Cuál sería tu momento(s) memorable(s)? Algún hito o logro de estos últimos años, a nivel musical o personal.
No tengo ninguna adicción ni compulsión peligrosa y mi nivel de ansiedad es moderado. Hace 15 años tenía 15 años.

 
– Todo evoluciona (a veces involuciona) con el tiempo, también la «comunidad» metalera. ¿Cuál crees que ha sido el mayor cambio que se ha vivido o se está dando dentro del mundillo en este tiempo? Para bien o para mal. Es que si nos ponemos a pensar, ¡hace quince años ni existía Spotify!
Cuidado, que yo soy un mal bicho catastrofista. El exceso de exposición hace de todo una mercancía, que decía Baudrillard; es decir, algo sin misterio, previsible y destinado a la “devoración inmediata”. Y a lo que se encamina este siglo digital con pantallas omnipresentes es precisamente a la sobreexposición. Esto, además, conjuga bien con la “retromanía” que explicaba Simon Reynolds hace ya una década y que tiene que ver con la sobreabundancia de imágenes y referentes producto de las nuevas tecnologías: YouTube, Spotify, lo que sea.
Eso en general, para sudar frío. De vuelta al mundito del metal, ya de buenas, y teniendo en cuenta que la entrevista es en calidad de editora de Sycamore, te diré que se me enamora el alma cada vez que alguien nos contacta y nos ofrece un micrófono para soltar diatribas feministas y antifascistas, aunque sea en una radio de barrio o en un fanzine hermano. O precisamente ahí. Os quiero. Sois lo diametralmente opuesto a la foto de Manowar con Bertín Osborne.

 
– Mirando al futuro, ¿cuál sería el mejor escenario posible para ti si piensas en los próximos quince años?
Iba a inventarme algo pero, mira, no, a quién quiero engañar. Estoy intentando ligar con un tío que pasa de mí. Espero que en los próximos 15 años se tome un puto café conmigo.
Lo que sí que he hecho ha sido aplicar la técnica cut-up a esta entrevista para obtener sentencias sorpresivas y esclarecedoras sobre mí misma, Queens of Steel, y el universo en general. Abajo está el resultado:

 

 

– En estos años ha salido un festival que hacen erguidos, porque se entendió que era lo mejor. Queens of Steel llevamos yendo quince años. El ambiente, la mejor fiesta, te pegas también. Conciertos, muchos discos. ¡Discos con las mejores letras del mundo! ¿Tienes alguna experiencia en concreto?
Sí, un año allí estábamos todos, con Apolo. Al de poco de llegar, estos ya estaban rallados. Ralladísimos. Al principio, al haberme mudado a Barna, entré en trance. Así te lo digo, sin despeinarme. Vi toda una serie de cisnes, os lo juro.

 
¿Eran memorables?
El hito de la década. También oía death metal. Mucho death, ojo.  

 
– Los logros de estos últimos años parecen ser la adicción y la compulsión, y de vez en cuando alguna banda, la mayoría suecas. ¿Qué opinas?
Y volar, no te olvides de lo de volar. Peligroso a mi nivel. Pero todo evoluciona y ya no estoy como el día uno. He involucionado con el tiempo. Ese ha sido el mayor cambio.

 
– Para qué más. Si mencionáramos también lo que se ha vivido o lo que se está viviendo mal…
Si nos limitamos a esas cosas, entonces la luna, caballos, nos ponemos a pensar… ¡y nace un mal bicho catastrofista! El que ha rallado a las bandas todo este tiempo.

 
– ¿Cuáles son tus excesos de exposición? Ya sabes, hacer, decir algo sin misterio.
Una Peel Session. No me suelen parecer previsibles y destinadas a un siglo digital con pantallas. ¿Alguna preferida?

 
¡In Solitude!
¡Y el coño omnipresente!

 

– En Queens of Steel es precisamente la “retromanía” lo que nos conmueve mucho. Uno, dos, tres, cuatro… la abundancia de imágenes que tienden a devorarse a sí mismas.
Me parece loable. Sois referentes como producto en general, como para sudar frío durante décadas. Y lograr eso sin ser irreflexivos, volviendo siempre al pasado y al mundito de las entrevistas de calidad.

 

 

– Pues no sé, eh. Echa cuentas. Las editoras del heavy metal nos contactan y nos ofrecen un público de rock’n’roll. Ahí es cuando, pasado el tiempo, tenemos micrófono para soltar diatribas de barrio o fanzines. ¿Tiene sentido? ¿O hay separaciones?
Precisamente, lo que escuchaba el hermano. Alguien podría pensar que la foto de Manowar con Bertín es oportuna. Pero no es cierto.

 
– Mirando al futuro con alta visibilidad, ¿qué piensas?
Me parece bello.

 
– ¿Todo? ¿Los próximos quince años?
Me lo he inventado, a quién quiero engañar. El futuro es un desconocido, a veces sólo está a unos metros, y estoy intentando ligar con él. Que se tome un puto café.

 
– Aquí vamos a conciertos, pero hace quince años que Alemania ya no existe, que se dice pronto…
Lo recuerdo especialmente, hacía falta coger el metro.

 
– ¿Quiénes son tus favoritos de estos últimos cuatro o cinco años?
Grupos de punk con mucho cariño. Biznaga. Sadistic Intent. Creo que mis colegas, en 2012, también eran punk. Trituraron los sesos. Nada de soft metal. De esto hace años, si lo piensas. Primero fue bastante repugnante, pero para estas fechas nos hemos reinventado, a nivel musical o escogiendo. En Barcelona, en Bilbao no sé, tía.

 
– ¿Ahora cuál sería tu momento?
Las demos de Nihilist = ansiedad moderada. El Mental Funeral es muy personal. No le tengo ningún asco, pero la “comunidad” es una apisonadora. Esto se tendría que haber publicado dentro del mundillo hace quince años.

 
– ¿Qué propones, en general, como metalera? ¿Qué crees que no existía hace quince años en los discos? ¿Algo para este tiempo?
En 1979, para bien, Gang of Four ya decían que todo es una mercancía. Incluso han salido nuevas. Cuidado, que yo quiero separarme más y más de la “devoración inmediata”.

 

 

– ¿Y qué lamentas?
Las muertes y lo que decía Baudrillard. Cómo cada cual se siente con la sobreexposición; sus proyectos, lo que le sale, se encaminan hacia sí mismo. Casi me choca ver que hay grupos. Conjuga bien con una especie de nuevas tecnologías. Imitación paródica en YouTube. Sobres. Los carteles de los festivales grandes son un tributo a Spotify. Tiene que ver con un público necrófago. Pero oye, de buenas, lo que sea.

 
– Psé. A mí me enamora el otro lado. ¿Cree el fan, teniendo en cuenta los desmantelamientos, en el feminismo y antifascismo de su grupo favorito? Nada que ver con encabezar un Keep It True…
Os quiero. Tuve una época larga, con una radio, en la que era lo diametralmente opuesto a la forma de ser más cercana. Ahora cito a peña del entorno propio todos los días.

 

 

– Hemos recorrido muchos kilómetros, ¿el mejor escenario posible para ti sería sin festivales?
Mira, en quince años, pasa de mí.

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